PREVIA | CAVALIERS - WARRIORS (2-1)

Ahora o nunca para los Warriors: nadie ha remontado un 3-1

El cuarto partido es instrumental: en las Finales, el balance es de 32-0 para el equipo que se pone 3-1. Los Warriors buscan soluciones y los Cavaliers, oxígeno.

Cleveland
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NBA

En el primer partido podía parecer un espejismo y en el segundo un accidente. Pero el tercero demostró que es una tendencia: Golden State Warriors es mejor que estos mermados Cleveland Cavaliers pero está siendo mucho peor en la final. Hasta ahora, además, ha jugado como si le sobrara colchón contra un rival que pone el alma en cada posesión. Le dijo ayer Draymond Green: “El 85% de las bolas divididas se las llevan ellos”. El resultado es que no ha cerrado por delante en el marcador ninguno de los doce cuartos de tiempo reglamentarios jugados hasta ahora, sólo la prórroga del primer partido. Y los Cavaliers, felices con su plan de supervivencia, ganan 2-1 y tiene a tiro casi el match point en un The Q que se alimenta de la energía eléctrica que recorre una ciudad volcada con un equipo que está a dos victorias de darle el primer título para su deporte profesional en 51 años. Nadie (32-0) ha remontado un 3-1 en las finales. Las nueve veces que sí se ha volteado ha sido en rondas anteriores. La estadística sí deja un dato para el optimismo warrior: en estos playoffs 2015 ha habido cinco 2-1 y en los cinco ha perdido la eliminatoria el que llevaba ventaja en ese momento. Los propios Warriors remontaron así a los Grizzlies, ayer no dejaron de hablar de ello, y los Cavs lo hicieron ante los Bulls. Así que están avisados.

La narrativa de la final ha dejado en un segundo plano a unos Warriors que parecían híper favoritos y está alzando a unos Cavs que amenazan con quedarse sin fuerzas en cualquier momento pero que parecen sobreponerse a cada contratiempo. Y no paran de sumarlos: juegan sin Irving, Love y Varejao; Shumpert tiene problemas en un hombro y Dellavedova lleva desde que acabó el tercer partido tratándose los calambres que le hicieron ir del pabellón al hospital. Y LeBron acaba los partidos tronchado por un esfuerzo que sólo él puede asumir: ha jugado 142 de los 154 minutos que ya ha cubierto la final. Ha metido el 42% de los puntos de los Cavaliers y ha asistido en el 49% de los de sus compañeros (200 de 291 entre puntos y asistencias). Nadie había metido tantos puntos en tres partidos de una final: 123 sumados gracias a 117 tiros. Si se suman los dos primeros encuentros (en el tercero cogió más rebotes Thompson) lleva 35 partidos de playoffs siendo el máximo anotador, reboteador y asistente de su equipo. El segundo en el ranking histórico es Larry Bird… con 13.

Sin Kevin Love y sin Kyrie Irving (4-0 para los Cavs en playoffs) la estrategia pasa por esa defensa abrasiva que personifica la persecución de Dellavedova a Curry (5/20 contra el australiano en los dos últimos partidos) y un sistema de ataque ultra simplificado en el que LeBron acapara las posesiones hasta que busca la penetración o el desajuste en la defensa de los Warriors. Es muy básico y acaba con el Rey deshecho en unos finales de partido dramáticos para un equipo que se queda literalmente sin oxígeno. Pero mientras la defensa sostenga al rival como lo está haciendo (55 puntos al final del tercer cuarto el martes cuando su media de la temporada es de 56 al descanso), funciona. Y lo hace porque LeBron siempre encuentra una solución pero también porque con menos pases y menos ritmo, los Warriors no pueden robar balones ni forzar pérdidas. Y no pueden correr: ni un punto en transición rápida de su quinteto titular en el tercer partido, en el que ganaron el rebote, dieron más asistencias y sumaron menos pérdidas. Pero perdieron. Quizá los Warriors deberían presionar más a LeBron en la subida de balón. Para cansarle aún más y para obligarle a soltar la bola e intentar que no vuelva a él. Con LeBron jugando continuaciones o aclarados, los Cavaliers suman como una hormiguita y fían el resto a su defensa. Los rebotes de ataque de Tristan Thompson ayudan cuando todo lo demás falla y los tiradores aparecen con cuentagotas pero, otra vez, cuando hace falta. El equipo que ha tirado mejor de tres ha ganado los tres partidos: 37%-29% para los Warriors en el primero y 23-33 y 35-53 para los Cavs en los dos siguientes.

El triple, sorpresa, se ha convertido en un problema para unos Warriors que fueron primeros de la temporada en porcentaje (39,8%) y segundos en número de conversiones (10,8). Los Splash Brothers, Curry y Thompson, anotaban 6,7 por partido entre los dos. Ahora los Cavaliers radicalizan su defensa sobre ellos dos y liberan al resto de jugadores de los Warriors. Y, otra vez, funciona. Steve Kerr y Alvin Gentry tienen que encontrar una fórmula para que Curry juegue más liberado y para que su juego interior resulte más productivo. Su frustrada remontada del tercer partido (de -20 a -1 para acabar perdiendo) llegó con Livingston acompañando a Curry (solución de cabecera en Regular Season cuando el rival multiplicaba marcajes sobre el MVP) y David Lee como único interior puro y jugando un pick and roll con Curry que produjo 22 puntos en 13 jugadas. Lee es un problema en defensa y una diana para cada penetración de LeBron. Pero, llegado este punto, quizá los Warriors necesiten más lo que aporta en ataque de lo que puedan lamentar lo que resta en defensa.

Los Warriors no han perdido tres partidos seguidos en toda la temporada y salieron de un amago de K.O. similar ante un equipo tan físico y agresivo como los Grizzlies, que tiene muchas virtudes de las que carecen los Cavaliers… pero que no tiene a LeBron, el primer jugador con al menos dos partidos de 40 o más puntos en una final desde aquel milagroso Dwyane Wade que hizo campeones a los Heat ante Dallas en 2006. Un LeBron del que Irving, que se paseó ayer en muletas por el Quicken Loans Arena, ha dicho que no tiene otro objetivo que “destruir a todo y a todos lo que se le pongan por delante”. Cleveland Cavaliers está a un paso de estar a un paso, ese momento culminante en el que tantas veces desaparece el suelo debajo de los pies. Y los Warriors juegan sin margen de error y sin más remedio que invertir la inercia de la final y ganar, sencillamente ganar. Por las buenas o por las malas, jugando bien o mal y anotando mucho o poco. Ganar, ya no les queda otra.