Oden: "Sé que soy uno de los mayores fracasos de la NBA"

NÚMERO 1 DEL DRAFT 2007

Oden: "Sé que soy uno de los mayores fracasos de la NBA"

Oden: "Sé que soy uno de los mayores fracasos de la NBA"

Getty Images

"Cuando jugaba bien bebía para celebrar. Y cuando jugaba mal, bebía para olvidar", dice a Grantland el pívot, maltratado por las lesiones.

Madrid

Greg Oden iba a dominar la NBA. Los Portland Trail-Blazers consiguieron lo que todo el mundo quería en el draft de 2007, donde el pívot fue elegido en primera posición por delante de Kevin Durant. Siete años después es obvio que la decisión no fue buena, pero cualquier General Manager, a no ser que tuviera a Shaq o Howard, hubiese escogido a un 'center' de más de 2,10, físicamente imparable y con buenos fundamentos antes que a un tirador (un gran tirador) con altura de ala pívot que todavía no había encontrado su posición definitiva en el juego.

Hoy en día, Greg Oden ha aprendido a llevar su 'gafe' lo mejor posible y a ponerle límites a su cuerpo. Firmó por los Heat y aunque no es ni mucho menos un jugador importante, puede acabar ganando el anillo de campeón de la NBA. Spoelstra le reserva como lo que en Miami quieren que sea: un antiHibbert en las finales de Conferencia. En una entrevista a 'Grantland' muestra su lado más humano: "Sé que soy uno de los fracasos más grandes de la historia de la NBA, y sé que sólo ira a peor si Kevin Durant sigue haciendo grandes cosas... Es frustrante que mi cuerpo no pueda hacer lo que mi mente quiere que haga algunas veces. Pero preocuparse o quejarse no va a arreglar nada. Ojalá las circunstancias me dejaran jugar más, pero no me arrepiento de volver, y no me arrepiento de firmar con los Heat", comenta.

También habla sobre sus problemas con el alcohol y las fiestas a las que iba durante su segunda temporada en Portland: "Mi primo se metió dentro del estilo de vida de la NBA y organizaba fiestas en mi casa todo el tiempo. Así que me envolví en eso también. Cuando jugaba bien, bebía para celebrar. Y cuando jugaba mal, bebía para olvidar. En el segundo año en Portland prácticamente me convertí en un alcohólico.

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