Messi ganó la Liga para el Barça. La historia comienza con él y en el inicio no fue buena en esta temporada. Luego ésta se rehízo, él se la puso sobre los hombros y al final ha sido él, sobre todo él, quien puso a disposición de las vitrinas del Barcelona un título que lleva esa firma ya inmortal del fútbol, Lionel Messi.
El Bayern bajó al Barcelona a la tierra, después del celestial partido que hizo en el Camp Nou. El jefe de maniobras, que estuvo inconmensurable en Barcelona, se aprestó al descanso y dejó al equipo cuando éste marcó el segundo gol.
Cuando Rizzoli no pitó un penalti a Neymar activó los instintos competitivos de Messi y éste agarró el cabreo adecuado a su carácter de bajito indignado. A partir de ese momento, Leo hizo diabluras que acabaron con la imbatibilidad espiritual del Bayern. Al final fue el Barça contra nada.
El ego del futbolista, telón de fondo.
La personalidad de Sergio Ramos.
El fútbol es empeño, suerte y elegancia. Luis Suárez empeñó su honor en demostrar que es un futbolista de la razón práctica, capaz de superar el terremoto de su pasada impopularidad gracias a unos goles que lo salvan a él y que ponen a su equipo al borde del éxtasis europeo.
Durante media hora el Barça fue tan bueno que parecía invencible; mejor que en cualquier momento de la temporada. Se desinfló de pronto y se quedó a merced del Sevilla. El final, fue de apoteosis sevillana: el Barça pasó de la gloria a la miseria.
Pudo haber ganado el Madrid al final de la primera parte. Y el Barça pudo haber ganado mucho más en la segunda, pero también pudo perder. En ese toma y daca, los dos grandes, Messi y Cristiano, jugaron en la sombra.
El hombre que hizo al nuevo Barça contempló que su herencia sigue.
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