El día de la marmota de Badosa
La española vuelve a salir del top-100 del ranking después de unos nuevos problemas físicos que llevan castigándola desde 2023. Reaparece esta semana en Indian Wells.


Tocar con los dedos la gloria. Lesión. Parar. Recuperarse. Volver con ilusión. Progresar. Más problemas físicos. Caída de nuevo. Vuelta a empezar. Como Bill Murray en la afamada película, Paula Badosa lleva atrapada en El día de la marmota desde mayo de 2023, cuando comenzó un calvario con su cuerpo que, de momento, no ha encontrado una tregua permanente. Casi tres años años después, el físico sigue frenando a la española de 28 primaveras, que por segunda vez en este periodo de tiempo se encuentra fuera del top-100 del ranking WTA, rodeada de incertidumbre y con el anhelo de dejar atrás definitivamente una pesadilla demasiado prolongada. Su voluntad para ello es inquebrantable, y por eso, después del enésimo contratiempo que le hizo retirarse en Dubái hace dos semanas, la de Begur ya prepara a conciencia su regreso a las pistas esta semana en Indian Wells (del 4 al 15 de marzo).
Precisamente el WTA 1.000 del desierto de California fue el que catapultó a la española allá por 2021, cuando ganó el segundo de los cuatro títulos que posee, el más importante por categoría, y comenzó una ascensión que la llevó a ser número dos del ranking mundial. Con Garbiñe Muguruza apagándose hasta su prematuro adiós, el tenis femenino español encontró en Paula, campeona de Roland Garros júnior en 2015 pero a la que unos problemas de salud mental retrasaron su irrupción, a la próxima gran esperanza patria. Lo que podría haber logrado a continuación Badosa será siempre una incógnita, porque poco después de empezar a degustar la gloria, el sabor de estar, por fin, en la élite del tenis mundial, una fractura por estrés en la vértebra L4 en el WTA 1.000 de Roma en 2023 detuvo en seco a la nacida en Nueva York, que desde entonces arrastra las consecuencias de una lesión seria como pocas. De hecho, crónica.
Hay varios números que explican la seriedad del problema con el que convive Badosa desde ese contratiempo en suelo italiano. Tras ello, y hasta la actualidad, Paula se ha retirado en medio de nueve partidos distintos, además de un walkover (no presentarse a su siguiente encuentro) y un sinfín de renuncias a todo tipo de torneos. Ha abandonado pistas entre lágrimas, ha relatado en redes sociales y en entrevistas la crudeza de su situación, y también ha estallado. “No tienes idea de lo que es vivir con una lesión crónica y aun así seguir adelante. Despertarse cada día sin saber cómo responderá el cuerpo, buscando soluciones y luchando por algo que amas y dándolo todo incluso cuando es tan difícil. Créeme, soy la primera que sufre dolor y tiene pesadillas interminables para intentar encontrar soluciones todos los días, y para mí, después de todo, pisar una cancha de tenis siempre vale la pena. Así que seguiré intentándolo”, respondió en febrero Badosa en X a un usuario que le acusaba de faltar el respeto al deporte con tanta retirada.

Su fractura en la vértebra le hizo perderse prácticamente todo lo que le quedaba de 2023, a excepción de un Wimbledon en el que forzó para estar y acabó recayendo de la lesión. “Lo que tengo no es operable. Si te operas, olvídate”, explicó más tarde sobre sus problemas crónicos. Volvió a competir en 2024, aunque la espalda le siguió dando mucha guerra durante la primera mitad de temporada, durante la cual las infiltraciones comenzaron a darle mínimos balones de oxígeno. Tras varios contratiempos más, Paula llegó a caer en aquella época al número 140 del ranking mundial. Pero todo cambió a partir de la gira norteamericana. El cuerpo le dio una breve tregua a la catalana, que pasó a desplegar su mejor tenis y los resultados acompañaron: campeona en el WTA 500 de Washington, semifinalista en Cincinnati, Pekín y Ningbo, y cuartofinalista del US Open. Acabó el año lanzada.
En aquel entonces, AS le preguntó a Paula sobre si había estado cerca de decir basta, y la de Begur fue muy clara. “Muy cerca, lo he visto muy mal, lo he pasado muy, muy mal. También este año, porque el dolor de la espalda no me estaba respondiendo, y me veía a un nivel en el que yo no quería estar ahí. Yo quiero jugar al tenis, me encanta jugar al tenis, pero quiero ser de las mejores. A mí no me compensaba, no me hacía feliz estar donde estaba en ese momento durante el año. Entonces, lo llegué a pasar muy mal por eso”, reconoció cuando volvía a rondar el top-10 mundial. La inercia, además, continuó con unas grandísimas semifinales en el Open de Australia 2025 que le hicieron llegar a ser novena del mundo, su mejor ranking desde que comenzó el calvario. Sin dolor (realmente con uno controlado, ya que ella misma reconoció que la molestia siempre la tendrá), Paula respondía en pista. Pero cuando parecía estar definitivamente de vuelta, de nuevo el cuerpo le obligó a empezar de cero. Primero fue la espalda, luego una rotura en el psoas, y finalmente una lesión en el muslo izquierdo. Todo se juntó para hacer que, desde marzo de 2025, solo se viese a Badosa compitiendo en 12 partidos.
“Al final no te queda otra opción que aceptarlo. Y creo que es lo mejor”, dijo con resignación la española a AS a finales del año pasado, cuando explicó que, al fin y al cabo, muchos de los problemas que tiene en otras zonas del cuerpo guardan “un poco de relación” con su lesión crónica en la espalda. Con el regreso de los terribles fantasmas del pasado, Badosa aprovechó esta última pretemporada para machacarse, haciendo todo lo que está en su mano para prepararse y prevenir posibles recaídas. “No importa cuántos obstáculos se crucen en mi camino, prometo esto: seguiré luchando, seguiré empujando y seguiré encontrando la manera de volver. Nos vemos en 2026”, escribió en sus redes sociales, a través de las cuales siempre ha mostrado sus avances en las recuperaciones y en los entrenamientos. Gimnasio, piscina, entrenamientos en pista... Horas y horas luchando para cambiar su destino, en busca de ser feliz haciendo lo que mejor sabe hacer: competir. “Es una luchadora”, dijo Aryna Sabalenka para describir a su amiga, con la que jugó dobles en este 2026 en Brisbane, donde Badosa reapareció y jugó dobles con la bielorrusa.
Le tocó, también, reajustar su tenis, adaptarlo a su lesión crónica, encontrando la forma de jugar que mejor le venía a su cruda realidad. Tras la lesión, junto con su entrenador Pol Toledo, Paula hizo de su saque uno de los grandes fuertes de su tenis. En 2025, por ejemplo, ganó el 70% de los puntos que jugó con primer saque y conservó el 73% de sus turnos de servicio, ambos datos entre los mejores de la WTA y mejoras exponenciales con el 64% y 68%, respectivamente, que atesoraba en 2022, cuando competía por altas cotas ya y en lo que fue su último año libre de grandes contratiempos físicos. Ha pasado de colocar aces en el 5% de sus saques en 2023 al 7,2% de este año y su porcentaje de primeros siempre ha ido en ascenso. Por contraparte, en 2025 la española rompió el saque de sus rivales en el 33% de sus juegos al resto, por debajo de la media, y el total de puntos ganados al resto ha bajado del 44,4% de 2022 al 42,2% actual. Se le atascan en estos últimos años, como puede ser lógico, las mejores del mundo (4-11 frente a top-10 desde 2024, 2-7 ante top-5) y grandes pegadoras como Sabalenka (0-4 en este periodo de tiempo) o Elena Rybakina (0-2), ante las que le cuesta igualar su potencia a una Badosa que, precisamente, también ha destacado siempre por su fuerte pegada. Lo que es innegable es que siempre se ha dejado todo lo que tiene, a pesar del dolor, para plantar cara a quien sea, como a finales de 2025 frente a Svitolina en la Billie Jean King Cup.
En el Open de Australia de este 2026, Paula solo pudo alcanzar la segunda ronda, perdió la gran mayoría de puntos que defendía, y su último contratiempo ante Elina Svitolina en Dubái, además de su ausencia en Mérida, forzaron que Badosa bajase primero al 85º lugar del ranking, y ahora hasta el puesto 106. Por segunda vez desde aquel fatídico torneo en Roma, Badosa anda fuera de las 100 mejores del ranking, necesitada de volver a escalar para evitar verse en fases previas y con cruces endiablados a las primeras de cambio. Aunque, claro, la prioridad absoluta es que la catalana vuelva a encontrarse con un mínimo respeto por parte de su cuerpo, su gran enemigo en los últimos 1.000 días, que se dice pronto. Con la esperanza de volver a ver el sol, de dejar atrás el día de la marmota en el que anda inmersa, el gran nombre del tenis español en los últimos años (ahora tiene a Jessica Bouzas y Cristina Bucsa por delante en el ranking) está de regreso en Indian Wells, justo donde hace ya un lustro comenzó a saborear una gloria que su cuerpo le negó poco después.
Noticias relacionadas
¡Tus opiniones importan! Comenta en los artículos y suscríbete gratis a nuestra newsletter y a las alertas informativas en la App o el canal de WhatsApp.
¿Buscas licenciar contenido? Haz clic aquí
Rellene su nombre y apellidos para comentar