Tenis | Roland Garros

La lluvia da ventaja a Federer frente a Nadal

Rafa, abocado a un maratón tras las suspensiones

<b>UN DILUVIO. </b>El agua se acumulaba sobre las lonas que cubrían la Central. La lluvia arruinó la jornada.
Alejandro Delmás
Importado de Hercules
Actualizado a

Roger Federer y su novia-agente, Mirka Vavrinec, o su entrenador, el español José Higueras, deben espiar los partes meteorológicos. A toda costa, incluso contra la geometría del cuadro de este Roland Garros, Federer quería despachar cuanto antes su cita con el estadounidense Querrey. Propuso a la organización jugar "domingo o lunes". Roland Garros dio otra opción al número uno: lunes o martes. Astutamente, Federer escogió el lunes. "Uno de los primeros turnos, a ser posible", y, hale-hop, liquidó a Querrey en hora y 35 minutos.

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Desde que Federer echó la persiana, y hasta ahora mismo, las pistas ocre de Roland Garros, entre aguaceros, han degenerado en marisma anaranjada. Los colores y dimensiones de los paraguas y chubasqueros colorean el bosque como en un lienzo de Henri Matisse. Y Rafael Nadal, el campeón que persigue su cuarto título consecutivo en el Mundial de la tierra batida, sólo ha estado veinte minutitos dentro de ese tableau: entre las 19:28 y las 19:48 horas de ayer, el tiempo justo para irse al Hotel Alma un juego iguales con el zurdo brasileño Thomaz Bellucci, que tiene un estilo a Novak Djokovic y que aseguró su servicio en el segundo juego con un latigazo de revés: fue un trueno que desató la lluvia sobre la Chatrier.

Bellucci ha ganado 20 de sus últimos 21 partidos ATP, advierte Nadal. Y él, Rafa, es el tricampeón en esta casa inundada. Nadal nunca ha perdido en Roland Garros. Aquí, su marca es 21-0. Menos lobos, por mucho revés que maneje Bellucci. El problema es otro: si Nadal sigue adelante, deberá negociar una agenda maratoniana, y no precisamente con la prensa. Los pronósticos avanzan lluvia hasta el fin de semana. Ayer se suspendieron o anularon 59 partidos. Cuando Nadal ande empapándose en agua y tensiones, como en Wimbledon 2007, aquella cita de varios días con Söderling, Federer irá y vendrá de sus aposentos del Hotel Crillon para entrenarse en cubierto, con el discreto Higueras: que tiene prohibido por contrato contar lo que ve y hace con Roger. Aunque sea por la lluvia, en el cuadro de Matisse brilla más Federer. El sabio Higueras ve y calla.

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