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Creía éste que escribe haber vivido dos manicomios en los respectivos estados de histeria colectiva que presentan cada domingo Nervión y el Villamarín. Pero fue visitar el Nuevo Mirandilla y comprobar que la locura impregna cada rincón de LaLiga española. A falta todavía de 12 jornadas para el final (11 ya) y con dos equipos que pasara lo que pasara sabían (por la derrota del Espanyol) que iban a finalizar la jornada fuera de los puestos de descenso, futbolistas e hinchadas dieron fe de la extrema tensión que atraviesan la mayoría de los estadios por culpa de los arbitrajes, el VAR y los comités. Da igual que lo bordaran Soto Grado y, desde el vídeo, Medié Jiménez: todo lo que piten, por definición, nos parece muy mal.
Aficionados, periodistas, árbitros, comités, jugadores, entrenadores y directivos. Nos hace falta una gran sentada. O un diván. Como a este Sevilla, al que la llegada de Mendilibar no pareció conceder ninguna virtud más de las que atesoraba con Sampaoli, pero que logró al menos quitarse los suficientes defectos como para ganar tres puntos que son oro molido. A ver si los jugadores nervionenses se lo creen un poco más, se quitan la presión del descenso de encima y ganan pronto tres partidos más para dejar de hacer sufrir a los suyos. Ya dijo Baudelaire que todos estamos un poco locos. Así que, un poco o un mucho también, vamos a necesitar todos un psicólogo.





