Opinión

Van Aert nunca dejó de creer

La gesta de Pogacar en la París-Roubaix quedó aplazada para el futuro, pero los aficionados presenciaron un desenlace incluso más bello...

Wout van Aert celebra su victoria sobre Tadej Pogacar en el velódromo que acogía la meta de la París-Roubaix.
ANNE-CHRISTINE POUJOULAT
Juan Gutiérrez
Subdirector de AS
Subdirector de polideportivo. Ha desarrollado toda su carrera en AS desde 1991. Cubrió dos Juegos Olímpicos, siete Mundiales de ciclismo y uno de esquí, 12 veces el Tour y la Vuelta, seis el Giro… En 2007 fue nombrado jefe de Más Deporte, puesto que ocupó hasta 2017, cuando ascendió a subdirector en las áreas de Motor, Baloncesto y Más Deporte.
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La París-Roubaix 2026 estaba marcada en el calendario para una cita con la historia del deporte, para una hazaña, otra más, de Tadej Pogacar, destinado a completar los cinco Monumentos del ciclismo, a batirse en la distancia del tiempo con Eddy Merckx. El esloveno aspiraba a completar la colección de clásicas sobre el mítico adoquín francés, además iba a hacerlo de manera consecutiva, a la vez que dejaba una puerta abierta a rematar el repóquer en una misma temporada. Nada de eso sucedió. La gesta quedó aplazada para el futuro, pero el motivo no supuso un desencanto para los buenos aficionados al ciclismo, que presenciaron un desenlace incluso más bello.

Las lágrimas de Wout van Aert en el velódromo de Roubaix tras batir al esprint a Pogacar o el abrazo con su eterno rival desde edades infantiles, Mathieu van der Poel, definen bien la grandeza del momento. Justicia poética en el Infierno del Norte. “Todo el mundo quería esto”, dijo luego VDP, que se arrogó así el papel de portavoz del sentimiento de todo el pelotón, de todo el ciclismo, de todo el deporte...

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Van Aert es uno de los grandes campeones de la época, un corredor carismático, pero últimamente le había abandonado la suerte con inoportunos accidentes y se había abonado a la segunda posición. Siempre detrás de Van der Poel. O también de Pogacar. “No hay nada tan bonito como llegar a la meta con el campeón del mundo”, reconoció el belga entre llantos, mientras colocaba el candado definitivo a su mala fortuna: “He dejado de creer muchas veces, pero al día siguiente despertaba y luchaba de nuevo”. Van Aert nunca dejó de creer. Y al fin ha logrado su sueño, con 31 años. Pogacar tiene 27. La historia puede esperar. Porque la historia también le debía una jornada de gloria a otro campeón. Ya es tuya, Wout.

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