

Ir a jugar a casa del FC Barcelona suele ser sinónimo de miedo. Miedo a la goleada, a la imagen que pueda dejar marcada al equipo, a la sensación de estar disputando un encuentro que, por tradición, se considera ‘fuera de tu liga’. Son partidos en los que muchas veces la derrota parece asumida antes incluso de que ruede el balón. Sin embargo, el fútbol siempre guarda resquicios para la sorpresa, y si existe un momento para que el Getafe desafíe esa historia, ese momento es ahora.
Los azulones llegan con nueve puntos de doce posibles, con un arranque que invita al optimismo y sin la presión de mirar a la tabla con urgencias. Lo hacen, además, con un vestuario que cree a muerte en el mensaje de su entrenador, con la convicción de que competir cada duelo como si fuera el último es el camino. No estará enfrente Lamine Yamal, el talento más desequilibrante de los culés, y tampoco estará el Camp Nou, ese escenario que tantas veces inclinó el partido desde la grada.
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El viaje conduce al Estadi Johan Cruyff, un campo distinto, aún desconocido para el Getafe y que carece del peso histórico del coloso barcelonés. Allí se abre una oportunidad única: buscar la primera victoria en territorio blaugrana, demostrar que lo que tantas veces han sabido hacer en el Coliseum también puede trasladarse lejos de casa. No es solo un reto, es una ocasión para cambiar la narrativa.
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