Un ‘shock’ liguero improcedente
El empate contra el Girona resultó inoportuno, con el Bayern de fondo. Si se trataba de ganar al menos buenas sensaciones, el Madrid no se llevó ni eso a la boca.


Extraoficialmente, el Madrid dice adiós a la Liga. Nada que sorprenda viendo su desatinado rendimiento durante toda la temporada, pero quedará siempre en su debe haberla perdido en encuentros en los que nunca tendría que haberlo hecho. El empate contra el Girona resultó improcedente en el fondo y en las formas, con el Bayern a la vuelta de la esquina. Si se trataba de ganar al menos buenas sensaciones, el Madrid no se llevó ni eso a la boca.
La alineación de Arbeloa, que no el juego y el entusiasmo de su equipo, tuvo la vista en Múnich. La ausencia de Tchouameni extrañó al no poder estar en la Champions, incluso casi que resultó inexplicable con lo que había en juego, pero parece que se buscaba la experimentación. Como de costumbre, Camavinga no superó el examen, algo que Bellingham sí logró. El jugador inglés, muy lejos de su mejor versión, es un estímulo para el Madrid. Lo mismo sucede con Militao, incuestionable en su jerarquía siempre que el físico le responda. Arriba se mantuvieron Mbappé y Vinicius y regresó Brahim. Todos se movieron entre contradicciones.
El Girona fue fiel a su estilo y su imagen. No le agobió asumir el reto de citar al Madrid en la presión alta. Míchel sabía que si su equipo conseguía juntar tres o cuatro pases de primeras, el bloque blanco se desvanecería después y se aflojaría en el retorno. De ahí que el Girona legitimara sus aspiraciones en una salida bien planteada, con los apoyos de Witsel, Iván Martín, Lemar y Ounahi cuando aparecía por dentro. El Madrid tiende a partirse cuando va arriba y su estructura se estira con agujeros manifiestos en diferentes zonas del campo.
Por momentos, el pleito se inclinó hacia lo recreativo. La forma de jugar de ambos equipos propuso ese contexto, pero le sentó mejor al Girona que al Madrid. Es cierto que los de Arbeloa fueron capaces, de manera esporádica, de mover de lado a lado y cargar el área para probar en la definición. Pero Vinicius y Mbappé pasaron de puntillas por el partido, sin claridad alguna en sus acciones. El trabajo encomiable de Francés y Vitor Reis redujo su inventario a muy poca cosa.
En contraste con lo que debía ser, el Madrid fue a peor con el paso de los minutos. Ni la exigencia clasificatoria interpeló a un equipo cabizbajo, sin perseverancia ni ilusión. El bloque bajo de Míchel cuando tocaba defender al Girona sacó a la superficie las carencias creativas de los blancos. Es el mal de siempre, la falta de plan y de ideas, sin profundidad en los desmarques ni velocidad en la circulación. Si la actitud o la supuesta relajación lo aclararan todo, la solución sí que estaba en la mano de Arbeloa o de quién esté.
El Madrid tampoco se esmeró sin el balón. La ofensiva del Girona siempre dispuso de espacios para crear y amedrentar, más allá del acierto puntual con el que acabara las jugadas. Se ha abierto una grieta entre la defensa y el medio, y Vinicius y Mbappé ponen el modo ahorro en partidos y situaciones que no son las adecuadas. Si arriba no hacen la diferencia y atrás no colaboran, este Madrid rutinario no puede estar en la carrera de ningún título. Su renuncia a la Liga huele a ser ya definitiva.
Hundimiento mal entendido

El repliegue en exceso de Brahim provoca que Lemar reciba muy solo en una zona de peligro y tenga ventaja para finalizar la acción con el disparo. Camavinga también se retrasa demasiado y Vinicius ni aparece en la foto.
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