Torrico, único en su especie
Eduardo, hoy sonará esa música mientras tú estarás con aquellos que admirabas.

Nuestra amistad comenzó en 1994 en aquellas cenas en Chicago durante la Copa del Mundo. Todavía no hace mucho, con Enrique Ortego, nos reíamos del encaje de bolillos que teníamos que hacer cada vez que había una cena para no herir corazones futbolísticos. Cómo olvidar las carcajadas mientras, con enorme seriedad, pedía la comida en alemán en Corea, “si total, da igual el idioma en el que lo pidas, no se enteran”. Esa era su letanía cada vez que tocaba pedir algo de comer.
Torrico, un pionero en la información de UEFA y FIFA, querido y respetado como pocos, nos ha dejado entre las notas de su música antigua. Sí, antigua como decía Torrico, no clásica, ese otro mundo al que se dedicó tras dejar la información deportiva y en el que estaba considerado como una autoridad mundial.
Hoy sé que fueron sus consejos los que me ayudaron a seguir aprendiendo y a conocer mejor a muchos de los compañeros de profesión. Y lo mismo que conmigo, hubo muchos otros que también recibieron sus consejos, esos que buscaban ser como Torrico, pero sin saber que era imposible serlo.
Fue volviendo en coche de la Euro de Portugal en 2004 cuando me dijo que, después de doce años en el Diario AS, ponía punto final al fútbol, pero aun así nada cambió. Hasta el final seguimos con nuestras interminables charlas de fútbol que siempre terminaban en lecciones de música antigua, a la que poco a poco me fue aficionando mientras le acompañaba a conciertos y me presentaba a los mejores. Una vez más, aprendiendo a su lado.
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Hoy es ese día en el que lloraré al amigo que una noche, saliendo del auditorio, me dijo que tenía seleccionada la música que quería que sonara en su funeral. Ese que paseaba por la noche de Madrid con sus tres perros, a los que poco a poco acostumbró a la vida tras el maltrato que habían sufrido. El mismo que hablaba del Real Madrid y de Pelé con su nieto de diez años y el que, tristemente, ha dejado solos a Isabel y a sus tres hijos.
Torrico, hoy sonará esa música mientras tú estarás con aquellos que admirabas. Mientras tanto, nosotros seguiremos pensando que Torrico era único en su especie. Gracias Eduardo, descansa en paz.



