Opinión

Sorloth: no miren sus gestos, miren sus goles

El noruego no es vistoso ni emotivo: sus números son su mejor defensa.

Sorloth celebró así uno de sus goles al Brujas.
Violeta Santos Moura
Luis Nieto
Director adjunto de As
Director adjunto. Licenciado en CC de la Información por la U. Complutense y máster en Transformación Digital y Estratégica (EOI), inició su carrera en el Diario Ya. Trabajó El Independiente y Diario 16. Llegó a AS en 1996. Ha ejercido las funciones de jefe de fútbol, redactor jefe, subdirector, director de la página web y director de Información.
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Hay futbolistas muy penalizados por su baja gestualidad. Le sucedió al primer Benzema, cuyo aire entre distraído y distante le alejó de la afición del Madrid, entregada al carácter volcánico de Cristiano. Un mal partido del francés mezclaba el desacierto con el pasotismo. Cuando la BBC se redujo a su B pareció otro futbolista, mejor y menos gélido. El madridismo aprendió a quererle. Sucede algo parecido con Sorloth y no solo en el Atlético. Jugó dos años cedido en la Real, en los que metió 24 goles, pero no se ganó el afecto de Anoeta. No solo era noruego, sino que lo aparentaba exageradamente: parecía hecho de hielo.

El Villarreal no le tomó la temperatura, le pagó diez millones al Leipzig, le hizo pichichi de la Liga (23 goles) y se lo vendió por más del doble al Atlético, donde también le ha costado entrar. Al fútbol llegó tarde, con 14 años, tras pasar por el balonmano y el patinaje, deportes nórdicos. Luego dio demasiadas vueltas (Noruega, Holanda, Dinamarca, Inglaterra, Bélgica, Turquía y Alemania) con buenos y malos datos. Así que pronto generó desconfianza en el Metropolitano. También en Simeone: fue suplente en más de la mitad de los partidos que jugó el curso pasado pese a marcar 24 goles.

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También probó mucho banquillo en este, pero todo cambió a partir de noviembre. Empezó a irle peor al equipo y mejor a él. El bajón de Julián Alvarez, la dosificación de Griezmann y el poco peso de Raspadori le han convertido en el máximo goleador del equipo. No es un futbolista que entre por los ojos: demasiado grande, poco vistoso, de velocidad limitada, no siempre eficaz en el remate (nueve tantos en 36 disparos en la Liga, cinco de 26 en la Champions), poco emotivo, pero de máxima rentabilidad. Diez goles ha marcado en 2026. La afición del Atlético tiene que aprender a quererle.

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