Opinión

Sin Mbappé, Vinicius reclama todos los focos

Sin Mbappé no hay nadie que discuta al brasileño. Se siente capitán general. Va en su carácter. Reclama todos los focos y rara vez decepciona.

Vinicius le hace una bicicleta a Dedic en la segunda parte del partido del miércoles en el Bernabéu.
Angel Martinez
Santiago Segurola
Colaborador de Diario AS
Actualizado a

El Madrid ya está donde se suponía, a costa de jugar una eliminatoria tensa, desagradable por la ofensa de Prestianni a Vinicius en el primer partido, de nervios y juego desigual en la vuelta. La gestionó el Madrid con muchas dificultades y la hinchada conteniendo la respiración. No es la primera vez, ni la última. Sus numerosos éxitos en la Copa de Europa se han producido muchas veces después de sortear situaciones dramáticas y flojas actuaciones. Vinicius es joven, 25 años, pero sabe latín en estos casos. De nuevo marcó el gol decisivo, el que alivió al madridismo y colocó al equipo en los octavos de final.

El Benfica jugó sin su entrenador en el banco. Mourinho se borró del mapa en Lisboa con una protesta estentórea que al árbitro no le quedó otro remedio que atender. Se estrelló después en las declaraciones, que le conducían inevitablemente al rechazo mayoritario del Bernabéu, así que hizo mutis y se instaló en el autobús del Benfica para ver el partido, tableta en mano.

Su equipo respondió con una más que buena actuación. El Benfica ha jugado tres partidos contra el Madrid en 30 días. Mereció la victoria y la consiguió en el primero. Perdió y fue inferior en el segundo, al menos hasta que Prestianni decidió sabotear la noche. En el tercero, hizo lo que otros muchos estupendos equipos: colocar al Real Madrid en situaciones angustiosas y salir derrotados.

“¡¡Es la Copa de Europa, amigo!!“, exclamaría Ignatius Farray en estas situaciones. Ganó el Madrid, por tanto, y dejó al Benfica rumiando 63 años sin títulos en las competiciones europeas. No importó el pánico que provocó en el área de Courtois, que de nuevo salvó los muebles de su equipo con un par de impresionantes intervenciones, ni el gol que igualaba la eliminatoria. Tchouameni respondió inmediatamente.

Vinicius ha marcado goles en los últimos cuatro partidos. Dos en Liga y otros dos en el doble duelo con el Benfica. Sin Mbappé no hay nadie que le discuta. Se siente capitán general. Va en su carácter. Reclama todos los focos y rara vez decepciona. No jugó Mbappé, que no marcó el sábado en Pamplona y tampoco en Lisboa, pero Vinicius volvió a afinar con otro golazo, a la carrera, elegantísimo en la definición, necesario para evitar sudores fríos al Madrid.

El Benfica, que había desarmado el sistema defensivo del Madrid con una facilidad pasmosa, comprendió que ya no había nada que rascar en el Bernabéu. Jugó con estilo y empaque, pero ya sin la convicción previa al gol de Vinicius, que figuró como gran estrella del cartel en los dos partidos.

Después del gol del equipo portugués, al Madrid no le quedó otra que mejorar, pero sin excesos. La defensa pasó muy malos ratos, Camavinga se dispersa y luego se enreda, Trent Alexander-Arnold es un fenómeno cuando desplaza la pelota, aunque a veces abusa del recurso, y es menos fenomenal como marcador. Schjelderup, un delantero con cara de niño pero que se porta como Daniel el Travieso en el área rival, le superó demasiadas veces.

Fue el partido de Vinicius, de la prestancia de Tchouameni en esta temporada y la enésima respuesta con una gran actuación de Courtois, suficiente para colocar al Madrid en los octavos de final. Es decir, donde se suponía.

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