Opinión

Sí, el deporte también es nuestro

“Todas hemos crecido pensando que no era nuestro lugar... Si sirve para que sepan que este lugar también es nuestro”, dijo Paredes antes de la final del Mundial femenino de fútbol.

Alexia Putellas, Irene Paredes y Jenni Hermoso
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Marta Griñán
Redactora de la sección de Fútbol
Natural de Murcia, de pequeña se imaginaba jugando al balón en estadios llenos y ahora se emociona viéndolo y contándolo. Pisó por primera vez AS en el verano de 2014 y ya nunca se fue. Licenciada en Periodismo y especialista en Políticas de igualdad, cubre la actualidad de las competiciones femeninas de fútbol.
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Las calles y las noches también son nuestras. Se entona y retumba, fuerte, cada 8 de marzo como reivindicación del derecho de las mujeres a ocupar el espacio público sin miedo a sufrir violencias machistas. Del mismo modo se podría reivindicar que el fútbol, el boxeo y el deporte, en general, deberían ser espacios que habitáramos con normalidad y tranquilidad. Pero nunca ha sido así y la tasa de abandono de la práctica deportiva en adolescentes, del 70%, así lo refrenda. Lo dijo Irene Paredes antes de la final del Mundial femenino de fútbol de 2023: “Todas hemos crecido pensando que no era nuestro lugar, que no nos pertenecía. Si sirve para que sepan que este lugar también es nuestro, que se puede, eso también es historia y nos hace realmente felices”.

Sirvió. Como lo hizo que María Jesús Rosa fuera la primera campeona del mundo española de boxeo o sirve que Alexia Putellas entregase un premio Goya y protagonizara otro poderoso discurso al ser preguntada por las diferencias entre el fútbol femenino y el masculino. “Es un error comparar, el primer Mundial masculino (1930) sucede cuando el sufragio femenino en España aún no estaba aprobado (1931)”, expuso la dos veces Balón de Oro.

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Más tarde, golpe de Estado y Guerra Civil mediante, llegaron casi 40 largos años de dictadura en los que a las mujeres se les restringía, controlaba y censuraba fuertemente la práctica deportiva para ajustarla a una ideología patriarcal y tradicionalista. Cincuenta años de avances siguen siendo insuficientes como para dejar de reivindicar que el deporte, como las calles y las noches, también es nuestro. Y no, no vamos a dar ni un paso atrás.

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