¿Quién es ese hombre?
Olise pasa a engrosar mi ecléctica lista de exhibiciones individuales sufridas en el Bernabéu.

Yo era razonablemente feliz sin apenas conocer la existencia de Michael Olise. Había visto algún partido suelto suyo, pero sin prestarle demasiada atención. Hasta el martes. Desde que estuve en el Bernabéu y le vi en directo, me despierto en mitad de la madrugada, empapado en sudor, gritando consignas como un veterano de la guerra de Corea con síndrome de estrés postraumático: “¡Necesitamos refuerzos!”. “Hay que ayudar a Álvaro”. “No le dejéis disparar”.
Tampoco puedo decir que fuera un completo desconocido. En la previa había leído que era bueno. Algunos incluso se atrevían a afirmar que era muy bueno. Pensé en el clásico extremo vistoso y encarador, de los que siempre entran bien por los ojos. Pero nadie me avisó de que venía este incontenible y sádico torturador de laterales a correr impúdicamente por la santa banda del Bernabéu como quien juega descalzo en la playa con sus amigos.
“Robben, te ordeno que abandones ese cuerpo”, musitaba entre dientes, a modo de exorcismo, cada vez que encaraba (y desbordaba) a Carreras. No funcionó. Cuando abandonó el Bernabéu, noté un leve picor en el labio superior, en forma de bigote, y un impulso irrefrenable por levantarme y aplaudirle. Me contuve.
Olise pasa directamente a engrosar mi ecléctica (y algo traumática) lista de exhibiciones individuales vistas y sufridas en el Bernabéu, junto a ilustres nombres como Ronaldo Nazario, Ronaldinho, Yaya Touré, Del Piero, Salah, Thierry Henry y, por razones que aún no me explico, John Carew. Podría incluir también a Manuel Neuer tras su partidazo, pero me niego a darle ese gustazo. La remontada empieza desde ya. 0-1.
Mis informes de scouting (es decir, su página de Wikipedia) me decían que venía del Reading y del Crystal Palace. Lo cual abre una serie de preguntas inquietantes: ¿desde cuándo el Reading y el Crystal Palace forman y fichan a este tipo de jugadores? ¿Quiénes se creen estos ahora, el Ajax? ¿Cómo le dejaron salir de la Premier? ¿Qué diablos hace el Manchester City con Savinho y Semenyo en lugar de con Olise? ¿Cómo pudo España ganar a Francia el oro olímpico en París con aquel gol de Camello con semejante bestia enfrente? Demasiadas preguntas. Pocas respuestas.
Situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas. Para sobrevivir a Múnich es hora de hacer regresar a Mendy de su retiro, como William Munny en Sin Perdón. Llamarle. Decirle que hay un último trabajo. Que vuelva a ponerse las botas acartonadas, aunque le duelan las rodillas y ya no sea el de antes. Que salga ahí fuera, a la banda, y mire a los ojos a ese chico. Y que alguien, de una vez, le diga a Olise: hasta aquí.
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