Opinión

Para Salvar el Fútbol Club de Fútbol, aleluya

De la Superliga “salvadora” al negocio televisivo, el eterno rival, el dinero y la épica que siempre pasa por caja.

Florentino Perez, Joan Laporta e Isabel Díaz Ayuso en el palco del estadio Santiago Bernabéu.
Anadolu
Rafa Cabeleira
Actualizado a

Cuesta mantener una cierta tensión competitiva cuando descubres que tu máximo rival no hace otra cosa más que desvivirse por ti, bendito sea. Cualquiera es antimadridista en los días de vino y rosas, como aquella vez que Mourinho le metió un dedo en el ojo a Tito Vilanova y al siguiente partido se desplegó una pancarta en el Bernabéu agradeciéndole el detalle. Qué felices éramos -y no lo sabíamos- cuando volvimos a ver la santa sábana en un programa de televisión, el mismo en el que se plantó Florentino Pérez unos años más tarde para anunciar que se disponía a salvarnos de las avariciosas garras de la UEFA.

El Para Salvar el Fútbol Club de Fútbol nunca jugaría la Superliga impulsada por el presidente blanco, pero se ha ganado para siempre un lugar en nuestros corazones. Son pocos los dispuestos a renunciar a sus sueños -y a 4.500 millones de euros de una supuesta indemnización, nos dijeron- por el bien común. No hay precedentes en la historia del deporte y mucho menos en la del fútbol, un tinglado pervertido por el sucio y suave dinero a fuerza de vender su alma al mejor postor. Ni siquiera el Barça, que está canino y se bajó del barco unas semanas antes de que se hundiera definitivamente, puede reclamar su cuota de virtud. Laporta no enterró la Superliga pensando en los demás, como Florentino. Cien veces tendría que nacer para poder vender una claudicación como la multiplicación de los panes y los peces... Y ni siquiera haber muerto y resucitado en tantas ocasiones le contaría como milagro.

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Sobre los beneficios globales del acuerdo anunciado este miércoles mediante escueto comunicado –nada de esperar al sábado para anunciarlo en Fiesta, con Emma García- se sabe más bien poco, aunque todo parece indicar que los tiros van por acceder a un trozo más grande del pastel televisivo de aquí a unos años, ahora es imposible. Qué decepción comprobar que todo en esta vida, también el fútbol, se cura casi siempre con un poco más de parné. El cuerpo me pide gritar un aleluya, pero me temo que hasta para eso tendría que presentar factura.

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