Opinión

Mourinho, más ruido que nueces

Devolvió cierta competitividad al Real Madrid a un altísimo precio: el deterioro en la imagen del club.

29/10/11 PARTIDO PRIMERA DIVISON 
REAL SOCIEDAD - REAL MADRID
MOURINHO ARBELOA
AMAIA ZABALO
Luis Nieto
Director adjunto. Licenciado en CC de la Información por la U. Complutense y máster en Transformación Digital y Estratégica (EOI), inició su carrera en el Diario Ya. Trabajó El Independiente y Diario 16. Llegó a AS en 1996. Ha ejercido las funciones de jefe de fútbol, redactor jefe, subdirector, director de la página web y director de Información.
Actualizado a

Mourinho ha dirigido más de 1.200 partidos y solo cinco oficiales contra el Madrid, segundo equipo en el que más tiempo ejerció. Ahí ganó tres títulos en tres años, Liga, Copa y Supercopa, y llegó a tres semifinales de Champions. Un palmarés correcto, nada excepcional, muy por debajo de la huella que dejó en el terreno social, donde provocó una división en la hinchada que trece años después de su marcha se mantiene. Sus partidarios recuerdan que trajo a Modric, que sacó al Madrid de sus tinieblas europeas y que el Caso Negreira reafirma su teoría de la conspiración. Enfrente siempre tendrá a quienes creen que ensució los valores del club.

Mourinho llegó al Madrid en condición de antídoto. Evitó que el Barça de Guardiola jugara una final de Champions en el Bernabéu con un Inter con diez que desactivó la embestida culé y activó los aspersores del Camp Nou. El Madrid venía de un año en blanco tras invertir 250 millones en fichajes (Cristiano, Kaká, Benzema, Xabi…) y Florentino creyó que Mourinho era el idóneo para rentabilizar ese desembolso, pero el portugués traía un pack indivisible: competitividad y bronca. Se apropió el club (“el puto amo”), impuso el conmigo o contra mí, incluso en el vestuario, y expendió carnets de fidelidad: “Hay madridistas disfrazados”.

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Fue el primer técnico en apuntarse una Liga de cien puntos, pero protagonizó gamberradas intolerables. La peor, ese dedo en el ojo a Tito Vilanova, hecho jaleado por una vergonzosa pancarta consentida en el Bernabéu (“Tu dedo marca nuestro camino”). Abrió fuego en todos los frentes. El arbitral (acusaciones contra Clos y media docena de colegiados europeos), el institucional (siempre vio trato de favor hacia otros en los calendarios), el social (aquel homenaje de los ultras), el interno (guerra con Valdano, intento de compatibilizar su cargo con el de Portugal) y el grupal (críticas a Casillas y Pepe). No ganó tanto como para provocar tal estruendo.

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