Pasaba por aquí | Javier Aznar

Misterioso Mendy

Hacía mucho tiempo que no se presentaba un jugador (podríamos decir ‘artista’ sin temor a equivocarnos) tan enigmático, iconoclasta, desconcertante y diferente a todo como él. Una película de Christopher Nolan no entiende a Ferland...

Misterioso Mendy
JESUS ALVAREZ ORIHUELA
Javier Aznar
Colaborador Diario As
Actualizado a

Cuando eres niño te gustan los jugadores vistosos. Luego aprendes a valorar a los futbolistas pegamento: esos del trabajo silencioso que hacen ganar al equipo desde un segundo plano. Y más tarde, entre la madurez y la senectud, hay un último escalón que consiste en disfrutar del misterioso Mendy. No se trata de un gusto adquirido, es otro estadio posterior a ese. Sea lo que sea eso. Si es que existe.

Decía el conductor de música Riccardo Muti que detrás de las notas está el infinito, y detrás del infinito está Dios. Mendy se sitúa en uno de esos espacios intermedios entre el infinito y Dios.

No es un jugador de este tiempo. Escapa del presente para habitar otro lugar. Una película de Christopher Nolan no entiende a Ferland Mendy. Vive en ese tiempo indefinido, con sus propias reglas, como cuando se desvanecía la foto de ‘Regreso al Futuro’. Aparece, desaparece y, mientras tanto, sostiene la realidad.

“Ni baila, ni canta, pero no se la pierdan”, decían sobre Lola Flores. “Sin cantar ni afinar”, luego dijo C. Tangana en su desmedida gira. Mendy ni marca, ni chuta, ni juega, pero de alguna manera insólita es estructural.

Es frágil y duro al mismo tiempo. Ni siquiera sabemos con certeza qué es lo que va antes: ¿Acaso es tan frágil porque no puede soportar su propia dureza? ¿O es su dureza una respuesta a esa fragilidad? Tal vez lo único que pueda destruir a Mendy sea el propio Mendy, y por eso se lesiona tanto solo.

Mendy es pétreo y maleable al mismo tiempo, es fibra óptica y sobao mojado en leche. Está hecho del material de las garras de Lobezno y del barro seco que se te quedaba en las botas de fútbol. Es el cemento y la arcilla de Ursula K. Leguin. Es Trotsky y las orquídeas salvajes.

Hay en esa solidez rocosa algo que te hace sentir agradecido y pequeño al mismo tiempo. Cuando un extremo encara a Mendy me invade una paz inaudita, como cuando observas las olas rompiendo furiosas y estériles contra una roca. Sé que estoy a salvo.

Dicen que los servicios médicos del Madrid estudiaron una ecografía de una rodilla de Mendy, pero se confundieron y realmente se trataba de un mapa de la antigua Yugoslavia. Nadie se dio cuenta.

Los que han estado cerca de la muerte hablan de una cegadora luz blanca al final de un túnel. Hay teorías que dicen que se trata de Mendy que viene hacia ti con el reluciente uniforme blanco del Real Madrid. Y te susurra: “Ya me encargo yo. Tú sube”. ¿Es un ángel? ¿Es el libre albedrío? ¿El del medio de Los Chichos? No lo sabemos.

Hacía mucho tiempo que no se presentaba un jugador (podríamos decir ‘artista’ sin temor a equivocarnos) tan enigmático, iconoclasta, desconcertante y diferente a todo como Mendy. Alguien que viene del pasado para corregir el futuro para luego volver a irse.

Parece que ayer regresó a los entrenamientos. Justo a tiempo para la eliminatoria contra el Bayern. El madridismo respira aliviado. Ahora que ya no está Chuck Norris, solo nos queda Ferland Mendy.

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