La vida sin Barrios
Se necesita a Griezmann al nivel de aquella noche en La Cartuja y al Julián Alvarez de antaño. Y que Lookman sea la kriptonita del Barça.

El Atlético se enfrenta a la situación más dulce para un club y una afición: que su mejor futbolista se haya forjado en la cantera. Porque el rendimiento de Pablo Barrios se ha disparado partido a partido, con coraje, corazón y calidad. Todos los eslóganes de la Academia. El joven talento de Moratalaz acelera el juego, tiene piernas para ayudar en la base y los costados, fuerza, velocidad, arrancada...
Todo lo que se pide a un centrocampista moderno. Cualidades de Koke y de Saúl mezcladas. Del capitán ha aprendido y ha crecido a su lado, mucho más cómodo que como su sustituto. Por delante del pivote y no como ancla. Con llegada para ganarse un sitio en la Selección y mirar de frente al Mundial. Y su mes de ausencia se hará muy duro en un momento clave.
No llegó Éderson, el gran deseado en el medio, y el foco está en Rodrigo Mendoza. Tiene cualidades, aunque todavía necesita rodaje. Llorente sería una apuesta más física. Y que rompería la pareja atrás. Pubill y Hancko, dos centrales que se complementan, ganan duelos, suben metros y sacan la pelota jugada. Sin Barrios, es difícil ver a ese Atlético de La Cartuja. Con el balón volando sobre el ‘mejor césped de España’, en palabras de un Griezmann también crítico con el Metropolitano.
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Se necesita al francés al nivel de aquella noche y al Julián Alvarez de antaño. Y que Lookman sea la kriptonita del Barça. Por velocidad para romper al espacio y regate para superar rivales. El puñal que fue Carrasco ante los blaugranas. La Copa de Ademola... aunque mola menos sin Barrios.
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