Opinión

La renovación es un tratado de paz

La reconciliación de Vinicius con la grada no será completa hasta que alargue su contrato.

Real Madrid's Brazilian forward #07 Vinicius Junior reacts during the UEFA Champions League league phase day 7 football match between Real Madrid CF and AS Monaco at Santiago Bernabeu Stadium in Madrid on January 20, 2026. (Photo by Thomas COEX / AFP)
THOMAS COEX
Luis Nieto
Director adjunto. Licenciado en CC de la Información por la U. Complutense y máster en Transformación Digital y Estratégica (EOI), inició su carrera en el Diario Ya. Trabajó El Independiente y Diario 16. Llegó a AS en 1996. Ha ejercido las funciones de jefe de fútbol, redactor jefe, subdirector, director de la página web y director de Información.
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Vinicius recorrió en el partido ante el Mónaco 10,4 km, más que nunca en esta Champions, creó siete ocasiones de gol, marcó uno, dio dos y tres cuartos, completó cuatro remates y disparó cinco veces. Los datos que cambiaron los pitos por aplausos reflejan que el jugador siempre estuvo ahí. Simplemente se perdió en el camino por abrir demasiados frentes: con los rivales, con los árbitros, con Xabi, con la afición ajena, con la propia, con los brotes de racismo repugnante, con sus demonios. Hay futbolistas capaces de vivir en ese barro. Vinicius pareció uno de ellos, por su descaro congénito, pero le pudo el oleaje del Bernabéu.

Vinicius se equivocó en el Clásico por mandar a esparragar al entrenador en una noche feliz. Pocas cosas hay más imperdonables que aguar una fiesta (pregunten por Cristiano y Bale en la resaca de la Decimotercera) y la afición esperó un mal momento del equipo para cobrarse todas las facturas de manera exagerada. Quizá todo empezó el día en que Vinicius se miró demasiado a sí mismo y poco al equipo. La no concesión del Balón de Oro, al fin y al cabo un premio exclusivamente individual, desquició a quien vive de un deporte colectivo. Aquello arrastró al club, o quizá fuera al revés, y Vinicius pasó de desenfadado a atormentado.

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Un partido feliz no cambia nada, pero por algo hay que empezar. La afición hizo examen de conciencia y el futbolista también, porque no solo jugó estupendamente, sino que solo se ocupó de eso. No hubo quejas, no hubo gestos, solo fútbol y compromiso. Lo que pide el Bernabéu. Cierto es que anduvo frío en la celebración de su gol, pero visto el tamaño de la herida se entiende una cicatrización lenta. Lo que sí urge es cerrar su renovación, que lleva un año en vía muerta. Después de aquel sí pero no saudí la afición anda mosca, así que conviene una firma ya para que la crítica a una mala racha no se confunda con la sospecha de riesgo de fuga.

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