La mirada penetrante de Herr Hansi


El señor de las finales tampoco falló en Yeda. Ocho de ocho para Flick, que el sábado se había puesto a malas con un periodista que le había afeado su planteamiento en el Clásico de octubre. “¿Cuántos Clásicos hemos jugado desde que estoy aquí; y cuántos hemos ganado?”, se calentó el alemán de la mirada penetrante. “Veo a Flick y estoy tranquilo”, había anunciado Laporta, entre partido y partido de pádel, en la previa. Flick es su pastor desde que decidió, después de aquella reunión con Deco en Londres, que sería su entrenador. Y el alemán le ha respondido a lo grande. Él, como confiesa Deco en la intimidad, es el líder del proyecto. Su Barça, ese que derrumbaba al primer empujón hace dos años, se ha hecho de hierro.
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Con sus defectos, que los tiene, el Barça jugó con personalidad y se repuso a los dos empates del Madrid al filo del descanso, dos golpes durísimos. Flick, que ha tenido que relajar ciertas medidas estrictas en el vestuario por aquello del desgaste, ha convencido a su equipo de que es capaz de todo, se pare donde se pare su famosa línea defensiva. Y de que las finales no se juegan, se ganan. Hace unos meses, en Sevilla, levantó un 1-2 cuando todo parecía perdido. En Yeda, este domingo, se apoyó en un ganador tremendo como Raphinha; en el gol de un superclase que apura a lo grande sus días de fútbol en la élite, Lewandowski; y en De Jong, un jugador siempre bajo sospecha que se echó al equipo a la espalda en Yeda. Supercopa número 16 del Barça. Si ese grupo sigue a Flick, tiene futuro.
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