La intensidad y el recurso a la segunda unidad del Oviedo
Cazorla esperará su turno en el banquillo, sigue siendo el mejor hombre para alterar cualquier guion.


El Oviedo de Almada, campeón de sensaciones, sigue suspendiendo en lo único que no admite poesía: la tabla. Suma buenas intenciones, ratos de fútbol reconocible y hasta varios tramos de superioridad, pero el marcador no entiende de matices. El déficit de puntos lo mantiene asomado al abismo. La distancia con la salvación no se encoge y el calendario aprieta. Se acabó lo de elegir escenario. No hay tardes grandes y tardes de transición. Un Atlético en el Tartiere huele a final tanto como la visita al Levante dentro de 3 semanas. Es el peaje acumulado por el rumbo errático. Ganar a un equipo Champions aparece ahora como un atajo en la carrera por la permanencia. No porque resuelva todo —la matemática sigue siendo clara—, sino porque insuflaría aire a un vestuario con pocas alegrías.
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Volverá Almada a su libreto reconocible, el que le ha dado más aplausos que puntos. Intensidad como bandera. El Oviedo del uruguayo muerde, incomoda y roza las victorias. Es un equipo pegajoso, y eso ante un rival con la cabeza partida entre el Brujas y el Barça puede ser una ventaja. Y si el plan A no alcanza, siempre queda el comodín. No abundan los recursos en el banquillo —a estas alturas pocos discuten que los 25 azules conforman el plantel más justo de la categoría—, pero sí hay un nombre que altera cualquier guion. Santi Cazorla. Esperará su turno afilando la varita.
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