Opinión

La gran obra de Carolina Marín

La vida no siempre es Disneyland, pero el final de Carolina, rodeada de su gente y de su deporte en Huelva, pone el broche a una gran historia. Y no ha estado nada mal.

Carolina Marín muestra fotografías de su carrera deportiva durante su despedida en Huelva.
MIGUEL MORENATTI
Juan Gutiérrez
Subdirector de AS
Subdirector de polideportivo. Ha desarrollado toda su carrera en AS desde 1991. Cubrió dos Juegos Olímpicos, siete Mundiales de ciclismo y uno de esquí, 12 veces el Tour y la Vuelta, seis el Giro… En 2007 fue nombrado jefe de Más Deporte, puesto que ocupó hasta 2017, cuando ascendió a subdirector en las áreas de Motor, Baloncesto y Más Deporte.
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El deporte está plagado de superhéroes, personajes de dibujos animados, aunque esa aureola no les garantiza tener finales de Disneyland. El final de un deportista, de hecho, es muchas veces traumático. No es fácil colgar el cartel de The end. Si Carolina Marín hubiera escrito su propio guion, seguramente no lo hubiera terminado con su anuncio de retirada del pasado 26 de marzo. Si rebobinamos la película hasta agosto de 2024, Carolina hubiera ganado aquella semifinal que una maldita lesión frenó en seco. Luego hubiera conquistado el oro olímpico, por supuesto. Y habría culminado así una gran historia de superación. Otra más. Pero no acabó de esa manera.

Carolina salió entre lágrimas del Arena Porte de La Chapelle. Una vez que se las enjugó todas, la andaluza visualizó otro cierre en el Europeo de Huelva, en el pabellón que lleva su nombre. No era un cierre tan épico, pero era bello. “¿Y por qué no intentarlo una vez más?”, se preguntó. Un último empujón. Tenía margen de recuperación, pero su cuerpo volvió a decir no. Carolina Marín no pudo sellar aquel final feliz en París, ni tampoco después en su tierra natal. El adiós no se ha producido dentro de una pista, raqueta en mano, como sueña cualquier deportista. No ha sido un desenlace de cómic, pero sí ha tenido pinceladas de gran obra.

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Aquellos desgarradores gritos de los Juegos Olímpicos tuvieron como retorno el amor incondicional de la afición española. Carolina ya era una deportista querida, muy querida, pero desde entonces lo es mucho más. Ese cariño lo está recogiendo también esta semana en Huelva, rodeada de su gente y de su deporte. El bádminton. La vida no siempre es Disneyland, pero el final de Carolina Marín pone el broche a una gran historia. Y no ha estado nada mal.

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