Gente seria
Celebrar de forma irónica un sexto gol, además, siempre es algo fácil. Esos humos en Despeñaperros.
En la serie Succession, el patriarca de los Roy trata de convencer a sus disfuncionales hijos para que acepten un acuerdo lucrativo y vendan la empresa familiar. La prole, harta de los ninguneos de su mercurial padre, exige más dinero en la transacción. Logan Roy los observa, suspira y suelta una frase devastadora: «Os quiero, pero no sois gente seria».
Me imagino a Florentino Pérez pensando fugazmente algo parecido al ver a Bellingham, en el 6-1 ante el Mónaco, celebrar su gol simulando una borrachera. Un gesto como respuesta a unos rumores, seguramente infundados, que circulan en redes sociales sobre supuestas salidas nocturnas. Un poco a lo Robbie Fowler cuando hizo que esnifaba la línea de cal en Anfield. O como Gascoigne haciendo la silla del dentista en la Eurocopa del 96, guiño a una noche desmadrada en Hong Kong. No sé si entrar al trapo de las provocaciones en redes sea la mejor idea. Empezar a jugar para Twitter es peligroso. Una pendiente resbaladiza por la que antes se despeñaron otros, Bale entre ellos. Si juegas en el barro, acabas manchándote.
Celebrar de forma irónica un sexto gol, además, siempre es algo fácil. Esos humos en Despeñaperros o, en su defecto, en Albacete.
Contaba Quique Sánchez Flores que la controversia permanente en la que vive instalado Vinicius, ese pulso constante contra todos y contra nadie, ha podido contagiar de algún modo al resto del vestuario. Y puede que tenga razón. Bellingham, siempre comedido y cabal en sus declaraciones, ha empezado a comunicarse como lo hace el brasileño en ocasiones: mensajes cifrados, gestos dirigidos, guerras individuales en nombre de su marca personal. Ecos lejanos de La Quinta del Ferrari. Añadir ruido al ruido.
Mbappé, en cambio, ha entendido mejor el momento y el contexto. Tal vez porque ha tenido tres entrenadores en apenas una temporada y media. Quizá porque sabe que el Bernabéu es un escenario grande, pero también exigente. Aquí se viene a jugar, no a responder notificaciones.
Billy Wilder lo explicaba con su habitual ironía: «Yo no hago películas para mandar mensajes. Para eso está Western Union». Usar la camiseta blanca y la celebración de un sexto gol para ajustar cuentas con una minoría de la afición no parece el mejor camino para restablecer puentes. Pero este es el Madrid de los jóvenes airados. Más de gestos que de gestas.
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Los madridistas queremos mucho, muchísimo, a nuestros jugadores. Pero a veces, me temo, no son gente seria.
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