OPINIÓN

Fútbol del siglo XXI y escenas del peor XX

Alexi Lalas ataca a África y Senegal: “Fue vergonzoso”
ABDEL MAJID BZIOUAT
Luis Nieto
Director adjunto. Licenciado en CC de la Información por la U. Complutense y máster en Transformación Digital y Estratégica (EOI), inició su carrera en el Diario Ya. Trabajó El Independiente y Diario 16. Llegó a AS en 1996. Ha ejercido las funciones de jefe de fútbol, redactor jefe, subdirector, director de la página web y director de Información.
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El juego. El domingo se cerró una fantástica Copa de África en términos futbolísticos, pero envilecida por disparates organizativos y comportamientos irracionales. La evolución del fútbol africano ha sido espectacular en la última década. El talento siempre estuvo ahí, pero no le alcanzaba en las grandes citas a veces por falta de rigor táctico, a veces por las frecuentes guerras internas, muchas provocadas por las propias federaciones y hasta por gobiernos empeñados en instrumentalizar políticamente los triunfos y en castigar estrafalariamente las derrotas. La dispersión de futbolistas en decenas de ligas tampoco favorecía la convivencia.

Los recogepelotas. El fútbol africano ha sabido ponerse al día, pero no su envoltorio. La incomprensible tensión de las horas previas a la final ponía sobre aviso. El comunicado de la Federación Senegalesa denunciando un reparto injusto de entradas y un alojamiento inadecuado para su selección sonaba a encerrona de Intercontinental de los setenta en Sudamérica. Hace tiempo que ese descarado trato de favor al anfitrión y ese acoso al visitante ha prescrito en grandes competiciones. Luego llegó la imagen infame de los recogepelotas locales intentando esconderle la toalla a Mendy para evitar que se secase los guantes antes del penalti errado por Brahim.

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El plante. Lo uno y lo otro fueron prólogo y epílogo del desvarío senegalés de abandonar el partido instigados por un seleccionador inconsciente y ultra a causa de un penalti discutible, aunque pitable. Probablemente no hubiésemos asistido a ese sainete sin la tensión previa al partido, pero el calentón de Thiaw fue inadmisible. Senegal le debe el título, y quizá la presencia en el Mundial, al buen sentido de Sadio Mané, que probó que se puede ser capitán, incluso general, sin brazalete. Fue él quien devolvió al equipo al campo casi por la fuerza ante el pataleo de su jefe. Urge que cuanto rodea al fútbol africano se pongan a la altura de la calidad de sus jugadores.

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