El meneo al Barça deja heridos, ídolos por levitar y hasta hermanos
Una mirada diferente (e igual algo impopular) a lo ocurrido en una noche de vendaval en el Metropolitano.


Estoy con Flick. Hay meneos que a veces vienen bien. Lamentablemente, sé de lo que hablo. Sobre todo, y centrados en lo futbolístico, un tortazo puede sumar —cuando cicatriza— si sucede en entornos con un buen ambiente en el vestuario, con tendencias positivas pero mejorables, y con los objetivos de la temporada aún al alcance de la mano. Las debacles en un polvorín son otra cosa. Un epitafio.
Perder no le gusta a nadie, aunque debería estar más y mejor interiorizado. El fútbol sigue siendo un juego. Y el VAR, Blanka en Street Fighter. Salvo a masoquistas con quinquenios, nadie lleva bien una goleada en contra. Sin embargo, el gatillazo del Barça en el Metropolitano deja lecturas soterradas entre el lodo de los errores y los dardos al arbitraje. Para refrescar la memoria, para deshinchar el pecho y para recordarles a Lamine y los imberbes recién llegados que, si quieren ser ídolos para los restos, necesitan una noche épica que aún no han ejecutado. No hablo de obrar por ahí remontadas con algo de emoción tras arengas grabadas. De eso, hasta Van Bommel puede presumir. Me refiero a que ese milagro de autos pese tanto en el imaginario culé, por los siglos de los siglos, como un título de tronío. Un 6-1, con Dios sobrevolando las aguas, no hay frustración posterior que lo borre.
Seguro que pasarán cosas en esa vuelta de semifinales de Copa. Por eso nadie se atreve hoy a sentenciar. Visto lo visto, gana quien gane, no se descarta un resultado final de waterpolo. Hasta entonces y para después, el vendaval de la ida deja reflexiones y secuelas. El Atlético se ha convencido en el momento clave del curso de que debe autoexigirse lo mostrado y mucho más. Su plantilla, diga lo que diga el sector más conservador, es para pelear por todo hasta última hora y no para dar una de cal y otra de arena o encerrarse en el área como si la vida fuera una prórroga interminable. Su banquillo del jueves, con Oblak, Giménez, Le Normand, Baena, Mendoza, Nico y Sorloth, es mejor y más caro que 17 onces titulares de la Liga. El Barça, por su parte, está obligado a recapacitar en la intimidad, sin voces, y dejar claros algunos principios básicos de su filosofía que se han ido difuminando por el camino.
De la portería, sólo un apunte. Hay escuelas de fútbol en aldeas vaciadas donde ya se enseña a los laterales y centrales que se puede y debe ceder el balón al guardameta para cambiar el sentido del juego, descongestionar y volver a empezar. Pero también, que siempre que exista esta acertada toma de decisión, se materialice con un pase cuyo itinerario evite los tres palos. Ver gazapos así en la élite es doloroso. Joan García quiere socios a su alrededor y no pistoleros que le empujen a ser meme.
Casi mejor centrarnos en el sistema defensivo, que no en la defensa. Ahí, se contemplan dos vías de mejora. O que juegue Raphinha cada segundo de competición por vecinal que sea, y lo haga con su toque de corneta. Algo complicado porque, aunque suela confundir, es un ser humano. No es casualidad que cinco derrotas y un empate hayan llegado sin él. O que, como alternativa al brasileño, la presión al balón en su ausencia se haga con idéntica responsabilidad individual y colectiva. Y eso sólo es posible con Eric, un perro de presa, como mediocentro. La zaga del Barça no es el muro de Berlín. Qué goteras.
El histórico 4-0 encajado debe poner con las orejas tiesas a los carrileros, con lagunas evidentes que confirman por qué De la Fuente no se fía de Balde, y que hacen sospechar si Koundé ha dormido del todo bien o si juega con auriculares escondidos entre sus variopintas cintas del pelo. Y, al mismo tiempo, el staff debe resetear su plan con los centrales si de verdad pretende abrazar otra Liga y soñar con la Champions. Así, como ahora, presumiendo de principios sin tener otros en la recámara para días embarrados, no da. Araujo, otra vez con salud de hierro, tiene que volver a ser vital ante la sonrojante cantidad de duelos que pierden las torres a orilla del área. No basta con dar arengas con el brazalete.
Noticias relacionadas
De Jong: “Si esta imagen no es IA, entonces es un escándalo”
Es tentador pensar que lo de la Copa fue una mala noche y un simple accidente. E incluso que Casadó es el principal o único responsable, cuando Flick y otros pesos pesados estuvieron bastante más desafinados. Un descarrilamiento así se venía cociendo desde hace mucho. Así que, tras un periodo de reflexión, toca orden, humildad y balones a Lamine. Mucho mejor que cenas de conjura. Por culpa del extremo, el Atleti y el madridismo, unidos como hermanos en esta causa para nivelar sus desdichas con las del Barça, saben que el próximo 3 de marzo, día del segundo asalto, sólo hay un plan por agendar. Ni cine ni First Dates. Toca sufrir y comer tantas uñas como pipas.
¡Tus opiniones importan! Comenta en los artículos y suscríbete gratis a nuestra newsletter y a las alertas informativas en la App o el canal de WhatsApp. ¿Buscas licenciar contenido? Haz clic aquí





Rellene su nombre y apellidos para comentar