Opinión

El mal de ojo se ceba con Rodrygo

Empiezo a pensar que, aparte de los errores evidentes de gestión en todas las esferas del club para estar como estamos, alguien nos ha echado una maldición...

El mal de ojo se ceba con Rodrygo
JAVIER GANDUL
Tomás Roncero
Subdirector de Diario AS
Nació en Villarrubia de los Ojos en 1965. Subdirector de AS, colaborador del Carrusel y El Larguero y tertuliano de El Chiringuito. Cubrió los Juegos de Barcelona 92 y Atlanta 96, y los Mundiales de Italia 90, EE UU 94 y Francia 98. Autor de cuatro libros: Quinta del Buitre, El Gran Partido, Hala Madrid y Eso no estaba en mi libro del Real Madrid.
Actualizado a

Empiezo a pensar que, aparte de los errores evidentes de gestión en todas las esferas del club para estar como estamos, alguien nos ha echado un mal de ojo. La terrible noticia de la gravísima lesión de rodilla sufrida por Rodrygo ante el Getafe nos ha dejado helados a todos. El brasileño se había recuperado de su lesión anterior para llegar a tope a la eliminatoria contra el City de Guardiola, pero ahora la cruda realidad es que puede terminar el año 2026 sin volver a los terrenos de juego (adiós Champions, adiós Liga, adiós Mundial...).

El panorama es sombrío. Para Vigo sólo están tres delanteros disponibles (Vinicius, Gonzalo y Brahim), mientras que en defensa el único central sano es Rüdiger, que hoy ha cumplido 33 años. Los cuatro fichajes del verano están en el filo de la sospecha. Huijsen ha sido devorado por la presión del Bernabéu; Mastantuono no aporta nada y encima se autoexpulsa; Trent tiene buen pie pero defiende regular y es más frío que el hielo; y Carreras es el único que ofrece algo, pero a cambio de eso Fran García y Mendy no disponen de un solo minuto...

Para no caer en un pozo de desánimo me agarro a la historia. En un día como hoy de hace 50 años, el Madrid caía 2-0 en Mönchengladbach ante el Borussia y de pronto dos goles de Roberto Martínez y Pirri (¡imperial!) firmaron las tablas para clasificarnos en la vuelta en el Bernabéu. Igual sucedió en Múnich, el 2 de marzo de 1988, ante el Bayern. Perdíamos 3-0 y con el campo helado por la nieve. Pero un gol ratonero de Butragueño y otro de falta de Hugo nos devolvieron la fe. Y en casa los eliminamos. Pero eran otros tiempos...

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