La Pizarra Táctica

El Madrid vive en el error

La insolvencia preside su juego, sin continuidad alguna, y las heridas no terminan de cicatrizar. Necesita un plan de juego sin fisuras.

MADRID, 01/02/2026.- El entrenador del Real Madrid, Álvaro Arbeloa (d), durante el partido de LaLiga que enfrenta al Real Madrid y al Rayo Vallecano, este domingo, en el Santiago Bernabéu. EFE/ Ballesteros
Ballesteros
Javier Sillés
Subdirector de AS. Licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense, empezó en 2011 en la sección del Real Madrid como becario. Después pasó a AStv, donde ejerció la función de editor jefe hasta 2021 y como jefe también de la sección de infografía. En 2021 fue nombrado de redactor jefe de fútbol y en 2022 ascendió a subdirector de AS.
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El Madrid se salvó sobre la campana contra el Rayo Vallecano, pero solo eso. El equipo blanco no transformó las sensaciones tan negativas que traía tras el sopapo del Benfica y continúa sin ofrecer una versión persuasiva. La insolvencia preside su juego, sin continuidad alguna, y las heridas no terminan de cicatrizar. Debido a esa inconsistencia, el triunfo se lo debe agradecer a Mendy, que le echó un capote cuando peor lo tenía. El Madrid vive en el error.

Quizá el esperpento de Lisboa merecía decisiones más drásticas, pero Arbeloa priorizó la estabilidad, aunque sea precaria, a la revolución. Carreras fue el único sacrificado en favor de Camavinga, que de mediocentro estropea demasiadas cosas y de lateral tampoco se da al brillo. Bajo ese corte, el Madrid empezó igual de mal, expuesto ante un Rayo con atributos ofensivos y en el que Ilias amenazó de primeras. El equipo de Arbeloa compareció pasivo y agrietado, sin demasiado interés en el repliegue y sin flujo en ataque.

Vinicius propuso un escenario diferente. Enrabietado por la situación general, diana de muchos de los reproches públicos, el brasileño demostró que tanto él como su equipo son otros cuando pueden correr. Desde su conducción, el Madrid desequilibró el partido, pero los blancos son incapaces de rematar a su rival. Pese al gol decisivo de penalti, Mbappé no se pareció a Mbappé, Brahim sigue sin llenar y Mastantuono pasó de puntillas por un partido que le vuelve a descubrir sus principales carencias. Esa frialdad que traslada su juego y esa permanente irregularidad no encajan con la cultura del Bernabéu.

El paso de los minutos añadió preocupaciones al Madrid. El Rayo volvió a tener el balón, intimidó en los contragolpes y dedujo cómo hacer daño al inseguro bloque de Arbeloa, que se manejó sin energía ni certezas. Se estiró por las bandas y después giró el juego hacia el interior sin que nadie en el Madrid corrigiera la posición. Los vacíos en la medular, que Iñigo percibió engordando el número de jugadores en esa zona y con Isi como falso nueve, son tan recurrentes como los descuidos en las vigilancias. No es de recibo que el Rayo disfrutara de dos acciones de verdadero peligro tras jugadas a balón parado del Madrid en ataque. El rigor no lo conoce.

El epílogo del partido fue una estampa que se repite. Bendecido por la expulsión de Ciss, el Madrid tiró con todo en busca de una salvación que encontró, pero que no rescata su imagen. Al ataque le faltan argumentos y defensa no tiene. Ya ha ganado demasiadas veces tiempo, pero lo que precisa de una vez por todas es de un plan de juego sin fisuras.

Grave desatención

El Madrid vive en el error

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