El Madrid regresa a la casilla sospechosa
En cuatro días ha devorado el crédito que ganó contra el Villarreal. El partido confirmó que los problemas estructurales de un equipo no se solucionan en dos semanas.
Se ha armado una nueva tormenta con el trompazo del Madrid frente al Benfica, que jugó un partido memorable en una competición de la fue bandera hace décadas. Vigor, convicción, rapidez, compromiso colectivo, excelente defensa, colmillo en el ataque… y Prestianni, un chaval argentino de 19 años que arrasó a Carreras, abandonado a su suerte. El Madrid fue la antítesis del equipo portugués. En cuatro días ha devorado el crédito que ganó contra el Villarreal. Vuelve a la casilla de salida.
El partido confirmó que los problemas estructurales de un equipo no se solucionan en dos semanas. El club ha tolerado comportamientos poco saludables, hasta el punto de trasladar una impresión de conchabeo con los jugadores más díscolos, Vinicius a la cabeza.
La relación Florentino Pérez-Vinicius merece un libro, atravesado por capítulos tan jugosos como la negativa a acudir a la ceremonia del Balón de Oro porque el delantero brasileño había sido segundo en la votación, en la que había triunfado el Real Madrid como el equipo del año, lo mismo que Carlo Ancelotti en el ámbito de los entrenadores.
Ese momento, tan extraño al rigor de imagen y protocolo que el presidente exige, explica parte de la deriva en la que se encuentra el equipo, dominado por conflictos −buena parte del destino de Xabi Alonso se anticipó en la atmósfera insurreccional que se declaró en noviembre− tensión, vanidades y defectos que en el plano deportivo también corresponden a los gurús que confeccionan la plantilla.
Hace tiempo que el Madrid es un conjunto disjunto. Rara vez alcanza la armonía. No está configurado para lo armónico. Por eso sorprendió su magnífica respuesta en Vila-real. Jugó contra su naturaleza, de ahí la sorpresa y los elogios que recibió. El Madrid cuenta con un puñado de fenomenales jugadores y dos estrellas, Mbappé y Courtois, que están cotidianamente a la altura de su fama.
A Vinicius le debilitan extraordinariamente su temperamento disruptivo y los caprichos que recibe. A Bellingham, ya sin armadura en el hombro, se le espera, pero todavía no llega. Empieza a esfumarse el recuerdo del portentoso futbolista que entró como un huracán en la Liga española.
Es hora de decir que ninguno de los recientes fichajes −alrededor de 150 millones de euros en el último verano− ha mejorado al Madrid. Nadie tiene por imprescindibles en estos momentos a Huijsen, Carreras, Trent Alexander-Arnold y Mastantuono. La gente está loca por el regreso en buenas condiciones de Carvajal. Su ausencia produce nostalgia en el madridismo, pero hace rato que ha superado la barrera de los treinta y le acosan las lesiones.
La nostalgia probablemente se apoderó de Florentino Pérez durante y después del partido. Siente debilidad por Mourinho, que no desaprovechó la ocasión. Su Benfica, que tantas dificultades ha atravesado en la Liga de Campeones y en el campeonato portugués, aplastó al Real Madrid. Doble contra sencillo que Florentino pensó que era el entrenador que requiere el Real Madrid.
Fue la segunda derrota en los cinco partidos del Madrid bajó la dirección de Arbeloa. Perdió en Albacete y fue eliminado en la Copa. Se estrelló en Lisboa y tendrá que jugar dos partidos de repesca para entrar en los octavos de final. Han sido derrotas de consecuencias graves.
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La responsabilidad del técnico es la que corresponde a cualquier entrenador, pero con numerosos asteriscos. Arbeloa aterrizó hace dos semanas en un campo de minas y tiene que tramitar una situación que la magnitud del Madrid vuelve todavía más compleja. Es listo y siempre ha sabido a qué buen árbol arrimarse, pero en este breve segmento de tiempo ha sido prisionero de sus palabras: el domingo, contra el Rayo, probablemente escuchará el cabreo de una parte de la hinchada, tan madridista como él. Será mejor también que a Vinicius no le dispense de los rigores defensivos, aunque sea por el que dirán. En cuanto, a las golosas semanas de preparación en febrero, sin Copa ni Champions, se han esfumado de un plumazo.
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