El Madrid despeja la nube negra
La hinchada del Real Madrid reaccionó en el duelo ante el Mónaco como siempre en el fútbol. Se enfada cuando las cosas van mal y se adhiere al equipo cuando detecta la respuesta adecuada.
Las goleadas funcionan como la vitamina B12: reconstituyen y animan. De eso trató la victoria del Madrid sobre el Mónaco, que venía de perder los últimos cuatro partidos y explicó los motivos de su bajonazo. Marcó Mastantuono, jugador de mucha clase sometido a una presión que le ha empequeñecido. El público y la prensa se ha preguntado demasiadas veces qué méritos tenía para figurar en el Madrid, interrogante que crecía por la gruesa cifra de su contratación, 63 millones de euros.
Mastantuono se reivindicó en una noche europea, factor siempre importante en el Real Madrid, donde la Copa de Europa funciona como el santo grial. Jugó con naturalidad y clase. Le ayudó su temprano gol, crucial para el desarrollo del encuentro. El Mónaco no estaba para grandes sacrificios. Numerosas pérdidas del balón en lugares inconvenientes, muy poca comunicación entre sus jugadores, defensa casi inexistente y el ataque enfocado en Balogun, futbolista grande y potente, pero sin demasiadas luces. En cuanto a Ansu Fati, fue un alma en pena.
El Madrid encontró demasiadas facilidades, pero las buscó. No son infrecuentes los partidos cómodos que resultan insípidos. Los jugadores se lo toman a beneficios de inventario y cumplen con los mínimos, algo que el Madrid no puede permitirse en estos tiempos. Venía de la bronca en el partido contra el Levante, la derrota en Albacete, el despido de Xabi Alonso y el traspiés en la final de la Supercopa frente al Barça. No se podía permitir un petardazo.
La hinchada reaccionó como siempre en el fútbol. Se enfada cuando las cosas van mal y se adhiere al equipo cuando detecta la respuesta adecuada. Así de simple, sin discursos admonitorios, como el de Arbeloa el sábado último. La gente quería disfrutar de una noche feliz y el equipo se la concedió. Arbeloa alineó a los dos jugadores que más ayudaron a levantar el partido contra el Levante. Fue un acto de justicia. Arda Güler y Mastantuono figuraron entre los titulares. El turco ocupó la posición de Camavinga, trasladado al lateral izquierdo, posición que no desconoce. Funcionó bien durante un buen trayecto con Ancelotti, incluido un magnífico marcaje a Raphinha en la primera temporada en el Barça del jugador brasileño.
Es probable que Camavinga sea más que un recurso como lateral. En el medio campo no termina de funcionar. Es más disperso de lo deseable. Contra el Mónaco, Arbeloa le ordenó incorporarse como centrocampista, en posiciones interiores, en los movimientos ofensivos del Madrid. Es una medida bastante corriente en el fútbol actual. Camavinga lo entendió de maravilla, con un valor añadido: apartándose del carril, permitió que Vinicius dispusiera de tiempo y espacie para deshacerse de su marcador una y otra vez.
Vinicius marcó un golazo y participó en la mayoría de los goles. Jugó con gesto serio, sin estridencias, como convenía. Es un futbolista sobreanalizado, por lo que hace y cómo lo hace. Esta vez se dedicó a convertir sus acciones en peligro y goles. Al Bernabéu le encantó esta versión discreta en lo gestual y decisiva en la producción.
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