¿El fútbol le da la espalda a Gaza? Afortunadamente, no
La misma UEFA que en agosto desplegaba una pancarta exigiendo a Israel que dejara de asesinar a niños, ahora posterga una y otra vez la suspensión de la selección de Israel y de los equipos israelíes.

Tras un mes de la entrada en vigor de un acuerdo de paz anunciado a bombo y platillo por Donald Trump, quien estuvo acompañado incluso del presidente de FIFA, Gianni Infantino, la gente sigue muriendo en Gaza. Casi 2.000 personas han muerto como consecuencia de ataques israelíes y la ayuda humanitaria es insuficiente para una población tremendamente necesitada. Sin embargo, el mundo parece haber pasado ya página: Gaza ha dejado de ser noticia y el genocidio israelí parece algo del pasado.
Lamentablemente, este irreal clima de posconflicto se ha instalado también en el ámbito deportivo. La misma UEFA que en agosto desplegaba una pancarta exigiendo a Israel que dejara de asesinar a niños, ahora posterga una y otra vez la suspensión de la selección de Israel y de equipos israelíes como el Maccabi de Tel Aviv en competiciones europeas. Por su parte, la FIFA, que hasta hace poco debatía internamente esa misma suspensión, se ha borrado del mapa y ha dado su bendición al “acuerdo de paz”.
Igual que las bombas no han dejado de caer, el fútbol israelí no ha dejado de facilitar violaciones de derechos humanos. ¿Cómo? Manteniendo al menos seis equipos que juegan en ligas israelíes y cuya sede está en asentamientos ilegales en el Territorio Palestino Ocupado. Al ofrecer oportunidades comerciales y actividades deportivas que incentivan a los civiles israelíes que viven en territorio israelí a trasladarse a un territorio ocupado ilegalmente, la Federación Israelí de Fútbol contribuye a su sostenibilidad. Por si esto fuera poco, la participación de equipos de asentamientos ilegales en las ligas israelíes no solo viola el derecho internacional, sino también los propios estatutos de la FIFA. El artículo 64.2 de los estatutos de la FIFA establece que “las federaciones miembro y sus clubes no podrán jugar en el territorio de otra federación miembro sin la aprobación de esta última”.
Afortunadamente, hay federaciones, equipos y futbolistas que no se han olvidado de Gaza. Iniciativas como la de las federaciones vasca o catalana nos muestran el camino a seguir: durante el parón de selecciones llenarán de público San Mamés y el Estadi Olímpic para jugar contra la selección palestina, una selección que tiene que jugar sus partidos en Qatar y que, en pleno genocidio, en 2023, logró por primera vez pasar de ronda en la Copa de Asia.
Declaraciones como las de Borja Iglesias, que durante la pasada ventana de clasificación para el Mundial de 2026 afirmó que le “sorprende que demos más importancia a parar un evento deportivo que a un genocidio”, nos reconcilian con la sensación de que los jugadores son también parte de la sociedad. Acciones como las de la Federación Irlandesa que ha pedido públicamente la suspensión de Israel, nos dejan claro que no todo el mundo se ha olvidado de Gaza. Esta petición también la ha hecho Turquía, contra quien jugamos el próximo martes. ¿Qué mejor muestra de solidaridad que las dos selecciones saltando al campo con un mensaje en favor de Gaza? Ahora la pelota está en el tejado de la Federación Española.
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Carlos de las Heras es responsable de Deporte y Derechos Humanos de Amnistía Internacional
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