OPINIÓN

El Espanyol, de la crueldad a la esperanza

Quienes sostienen que el fútbol es la síntesis de la vida en 90 minutos tienen la más fidedigna demostración en este Espanyol-Atlético.

Espanyol's Brazilian midfielder Vinicius Souza (R) celebrates with teammates after scoring his team's third goal during the Spanish league football match between RCD Espanyol and Club Atletico de Madrid at�the RCDE Stadium in Cornella de Llobregat on May 24, 2023. (Photo by Josep LAGO / AFP)
JOSEP LAGO | AFP
Iván Molero
Llegó al Diario AS como estudiante en prácticas en 2002, y desde que se licenció en Periodismo por Blanquerna, de la Universitat Ramon Llull, se ha especializado en la información del Espanyol, sobre el que también ha co-escrito libros, todo ello atendiendo al seguimiento de otros equipos, deportes y eventos desde la delegación de Barcelona.
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Quienes sostienen que el fútbol es la síntesis de la vida en 90 minutos tienen la más fidedigna demostración en este Espanyol-Atlético que poca gente en el RCDE Stadium olvidará. Porque pasaron los pericos por todas las fases de la existencia, del deleite, la tristeza, el duelo a la esperanza. El 0-3 con el que los rojiblancos mandaban en el minuto 46, y que situaba al Espanyol con pie y medio en Segunda, era tan cruel, por la primera parte excelsa en generación de ataque por parte del equipo de Luis García, como prometedor, aunque sólo sea para agarrarse a un clavo ardiendo, el empate final. Que pudo ser una victoria local, incluso.

Lo que cosían sin éxito entre Darder, Melamed, Denis Suárez y Puado lo descosieron atrás entre Pacheco, un gol fantasma que el VAR quiso dar como bueno a pesar de que ninguna toma lo demostraba al cien por cien y un desconcierto imperdonable a los pocos segundos de la reanudación. A partir de ahí llegó esa montaña rusa de emociones. Que comenzó con los reproches de parte de la grada, como si todo hubiera finalizado. Que continuó con la tenue reacción en el gol de Montes, con todo el estadio enchufadísimo tras el penalti convertido por Joselu y con el estallido de euforia en el 3-3 de Vinicius. Que empujó hacia una intentona de victoria que nunca llegó. Pero que devolvió la fe perdida. Hay partido. Hay vida.

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