Don Álvaro o Gandalf el grisáceo
El técnico del Madrid tuvo esta vez toda la semana para preparar el partido. No se notó la verdad.

Volvía a la alineación el centro del campo para el que fue diseñado este equipo para sustituir a la santísima trinidad de Casemiro, Kroos y Modric. Valverde no jugaba en la sala de máquinas desde el naufragio contra el Atlético hace un siglo. Por tanto, Tchouameni con Camavinga y el uruguayo de escoltas hicieron su trabajo. El problema esta vez estaba en los delanteros.
Sin Vinicius en la izquierda el Madrid perdió la mitad de su plan de ataque. El éxito en Mestalla dependía de la conexión Güler-Mbappé. Nada más, pero suficiente para ganar a este irreconocible, triste y anémico Valencia al cual solo le sostiene en Primera su afición, la historia y la escasez de talento de demasiados equipos en España.
Arbeloa se atrevió con David Jiménez en el lateral. Alguien debería explicar qué le pasa a Carvajal, pero ya se sabe que lo de explicar las cosas no está bien visto en este club donde el entrenador ha gastado en tres ruedas de prensa el espíritu de Juanito, los carnés de buen madridista y hasta la carta Negreira, pero sigue sin explicar por qué el equipo juega tan desesperadamente mal. Y sobre todo por qué las nuevas fórmulas tácticas del flamante entrenador del Real Madrid son las mismas que llevan dos años aburriendo al personal. El autodenominado Gandalf el blanco tirando a grisáceo, o Don Álvaro el buen español como le llaman sus amigos mourinhistas, tuvo esta vez toda la semana para preparar el partido. No se notó la verdad.
Resolvió el partido una jugada de inspiración aislada de Carreras que tuvo la banda en exclusiva para él toda la noche sin socio con el que atacar. Así que decidió jugársela y salió gol. Eso exige este Madrid sin norte, ataques de personalidad para mantener vivas las aspiraciones mientas se recuperan los lesionados y Mbappé sigue garantizando goles.
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