Opinión

Deberes y privilegios

A todo el mundo le gusta sentirse reconocido, valorado, incluso protegido. Pero otra cosa muy distinta es creer que el club está en deuda permanente con los jugadores por el mero hecho de vestir de blanco y tener presión encima...

Deberes y privilegios
JESUS ALVAREZ ORIHUELA
Javier Aznar
Actualizado a

Hay una escena de Mad Men en la que pienso mucho. Peggy Olson, la brillante chica que empieza como secretaria y termina como creativa publicitaria, una noche se queja a su jefe y mentor, Don Draper, porque considera que no le ha reconocido lo suficiente sus ideas para la agencia. “Nunca me diste las gracias”, le dice, dolida. Don Draper estalla y responde con una frase tan seca como reveladora: “Eso es para lo que está el dinero. Yo te doy el dinero y tú me das las ideas”.

La discusión es ambigua e incómoda. No solo es un choque entre protegida y mentor, sino una conversación sobre dónde terminan los deberes y empiezan los privilegios. Y lo borrosas que a veces son las líneas que separan el reconocimiento individual del sentimiento colectivo en el trabajo.

Pienso en esa frase de Don Draper cuando veo al entrenador del Real Madrid dar las gracias a sus jugadores por querer ir a jugar a Albacete. O cuando asume en solitario la responsabilidad de todas las derrotas, incluso de las más flagrantes. A todo el mundo le gusta sentirse reconocido, valorado, incluso protegido. Pero otra cosa muy distinta es creer que el club está en deuda permanente con los jugadores por el mero hecho de vestir de blanco y tener presión encima. Y no. Para eso está el dinero. Aunque, llegados a este punto, tampoco debería sorprendernos demasiado que se confundan deberes con privilegios.

Porque este es el Madrid de los dos días libres la misma semana en la que un portero rival te ha marcado un gol. El que lleva dos años fuera del Top-8 de Europa. El de los capitanes invisibles. El que necesita a Pintus como si fuera Arnold Schwarzenegger en Poli de Guardería. El Madrid de las celebraciones irónicas en las goleadas y el del silencio sepulcral en las derrotas. El que ficha a Alexander-Arnold y luego le llega Trent, como en “Lluvia de Estrellas”, pero al revés. El Madrid TikTok que se aburre cuando les ponen vídeos largos sobre rivales. El de Presionín y Señor Pase Bueno. El que paraliza todo por la renovación de una estrella que se queja cuando un canterano no se la pasa. El que no acude al mercado de invierno porque considera que no puede mejorar. El que se enorgullece de los premios individuales, pero no gana uno colectivo. El del “preferiría no hacerlo”: preferiría no jugar de lateral, preferiría no estar en la banda derecha, preferiría no salir sustituido.

El Madrid desconectado y bunkerizado. El Madrid que se dejó olvidada la exigencia en un cajón. El Madrid, en definitiva, de los pocos deberes y los muchos privilegios.

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