Opinión

De la licencia federativa al usuario deportivo

2026 debería ser el año de medir el éxito no solo por las medallas, sino por usuarios alcanzados.

De la licencia federativa al usuario deportivo
XIADAS | DiarioAS
Alfredo Olivares
Actualizado a

En nuestro país se repite una singularidad que debería incomodar a cualquier gestor deportivo: practican deporte 26 millones de personas, pero el sistema federativo gravita alrededor de unos cuatro millones de licencias. Lejos de ser un reproche, esa brecha señala uno de los grandes desafíos del sistema federativo para reforzar su legitimidad y asegurar su sostenibilidad.

Conviene recordar que una federación no es, ni puede ser, una empresa al uso. Carece de ánimo de lucro, tutela y custodia la integridad de la oficialidad de su deporte ejerciendo funciones públicas delegadas (licencias, competiciones oficiales, disciplina...etc.). Ese es su core y no puede diluirse en una huida hacia el marketing o el espectáculo.

Pero precisamente para proteger esa esencia, las federaciones deben ampliar su perímetro de servicio. La licencia no puede ser el final del camino, sino el instrumento que ordena un ecosistema más amplio: clubes, técnicos, árbitros, deportistas y, sobre todo, practicantes amateur que demandan salud, comunidad, formación, experiencias seguras y entretenimiento. Creo firmemente que el futuro del deporte pasa por integrar a estos millones de practicantes en los planes estratégicos federativos. De este planteamiento nace la idea, incómoda para algunos, de la federación como empresa de servicios para profesionalizar procesos y diseñar productos coherentes con sus fines, sin desnaturalizar sus funciones públicas delegadas, para generar valor y recursos recurrentes.

Para conseguir ese objetivo integrador e inclusivo resulta esencial desarrollar políticas, acciones y programas que reconozcan la realidad de un nuevo entorno deportivo, acercando al practicante al entorno federativo ofreciendo servicios y productos que les atraigan, no circunscribiendo únicamente su actividad al alto rendimiento deportivo de los deportistas “licenciados”. Este es el verdadero reto, diseñar productos, servicios y actividades para ese practicante no profesional: experiencias, formatos de competición flexibles, formación actualizada, contenidos, eventos sociales y comunidad. Y, en algunos casos, desde un enfoque de sportainment que convierta la práctica en experiencias de deporte + entretenimiento. Ejemplos como el programa SOMOS+ que implementamos en la RFEF muestra que se puede acercar la estructura federativa a entornos escolares y sociales desde ese nuevo posicionamiento.

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Lo he defendido muchas veces en mi trabajo con federaciones, o se incorpora al usuario deportivo al centro de la estrategia, o el resto de los agentes privados lo harán por ellas. 2026 debería ser el año de medir el éxito no solo por medallas y subvenciones, sino por usuarios alcanzados, calidad de los servicios prestados y valor social creado, sin perder nunca la brújula del deporte oficial.

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