Poco se habla

Cruyff sigue vivo

Josep Guardiola y Johan Cruyff, en una imagen de archivo.
Reuters
Alfredo Matilla
Redactor Jefe
Nacido en Alcázar de San Juan (Ciudad Real, 1982), es redactor jefe. Licenciado en Periodismo, entró en AS en 2005, donde pasó por la sección del Madrid, fue Delegado en Cantabria (2008-2012) y jefe de sección de AS.com (2012-2022). Tras su paso por Relevo, regresó a casa en 2026. Es Máster en Psicología Deportiva y autor del libro 'Por si acaso'.
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Se ha hablado y escrito mucho de Cruyff en los últimos días a colación del décimo aniversario de su maldita muerte. Y como el protagonista y sus fieles siguen siendo especiales, ha habido tertulias y lecturas deliciosas. La más atractiva, a mi juicio, una pieza (que diría Álex Grijelmo) de mi compañero de equipo y vida Juan Jiménez alrededor de 14 jugosos detalles menos conocidos del holandés. Una lista pulcra, sorprendente y recomendable en honor al dorsal que el maestro convirtió en leyenda. El mismo número que algunos aún hoy pedimos en las pachangas. Sin embargo, no se ha dicho lo más importante: Johan sigue vivo.

Yo al menos, y por supuesto Laporta, es lo que percibo. No descarto que sea por esa tendencia aprendida de nuestros mayores que, para paliar las bajas más dolorosas en la familia que van apareciendo por goteo, siempre nos inculcaron de niños un gran mecanismo de protección y autodefensa: los nuestros nunca se van y se quedan para siempre flotando en el ambiente. Aunque hayan muerto. Por eso, como me sucede con mi hermana y los abuelos para dar respuesta a los baches que van apareciendo, uno siempre piensa en cómo resolvería Johan un partido que se enreda, dónde sacaría más partido a Lamine, qué le diría a Araújo en el diván y qué contestaría al listillo de la rueda de prensa que busca la gloria.

Es difícil no encontrar al Flaco a cada paso. En el fondo y en la forma. Sobre todo, porque el fútbol aún habla su idioma. Una delicia que tiene una explicación. De la plantilla que cogió a su llegada a Barcelona en la temporada 1988-89, hasta 11 de aquellos futbolistas son o han sido entrenadores: Bakero, Eusebio, Roberto, Sergi, Alexanko, Milla, Serer, Valverde, Lobo Carrasco, Unzué y Roura ejercieron. Y tres más apostaron por la dirección de equipos como Amor, Begiristain y Zubizarreta. En total, más de media plantilla se empeñó en imitarle mientras Romerito se entregaba al rock. Y a ellos se fueron sumando luego Koeman, Ferrer, Laudrup, Nadal, Guardiola, Serna, Rijkaard, Abelardo, su hijo Jordi, De Boer, Onésimo, Pablo Alfaro, Celades, Prosinecki, Cristóbal Parralo, Lopetegui, Lluís Carreras… Cada pizarra que hay colgada por el mundo está adornada por un tulipán.

Cruyff sigue vivo
Guardiola en sus primeras oportunidades con el Barcelona, bajo la tutela del gran Johan Cruyff.

Pero hay más. Y conviene no olvidarlo. De la veintena de jugadores que tuvo bajo su tutela en 100 partidos o más, salvo Julio Salinas, que se decantó más por los anuncios, los saraos y la televisión donde también se prodigó Johan, el resto heredó las dotes formadoras de su profesor. No hubo en su época una influencia de tal calado como la suya. Valgan un par de comparaciones para entenderlo. Una: en la plantilla del Real Madrid de esa temporada, donde arrancó toda esa admiración mundial que daba continuidad a su legado de corto, sólo Buyo, Hugo Sánchez, Camacho, Maqueda, Míchel y Schuster parecieron quedar prendados con las enseñanzas de Leo Beenhakker. Y dos: revisen cuántos pupilos de Robson, Serra Ferrar y Antic, por ejemplo, se apuntaron al curso de entrenadores tiempo después.

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Hoy, únicamente Guardiola, alumno aventajado de Cruyff, tiene esa fuerza y luz propia. Xavi, Valdés, Iniesta, Macherano, Thiago, Márquez, Cesc, Milito y Silvinho, sólo en clave culé, saben de lo que hablo. Por eso insisto, camisas estrafalarias aparte, que conviene cuidarlo. Cruyff vive en muchos sistemas de juego, en los triángulos que se forman en el verde y en cada salida de balón. Pero sobre todo se palpa, como en ningún otro lugar, en cada idea que sale de esa cabeza privilegiada de Santpedor. Despreciar a Pep sería como tirar el jarrón de la abuela o colgar en Wallapop la boina del abuelo. No exagero. Hasta Chygrynskyi anda buscando equipo tras sacarse el carnet y empezar como asistente.

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