Opinión

Con menos figuras, pero con más pasión

Fue un despliegue inteligente, robusto y solidario. Lo que la afición viene reclamando durante toda la temporada.

Fede Valverde celebra uno de sus goles al Manchester City.
@fedevalverde
Santiago Segurola
Colaborador de Diario AS
Actualizado a

Una actuación imprevista esta temporada, pero presumible por historia, produjo una sensacional victoria del Madrid frente al Manchester City, que en la primera fase de la Liga de Campeones se había llevado la victoria en el Bernabéu. La monumental actuación de Valverde, autor de los tres goles, encabezó un despliegue inteligente, robusto y solidario, reclamado durante toda la temporada por su hinchada, pero ausente hasta ahora.

Si es la mística de Europa o no, quedará para el debate. En la Liga de Campeones, el Madrid suele encontrar versiones diferentes, y hasta contrapuestas, que le garantizan una eficacia desconocida para el resto de los equipos. Ni el Bayern, el otro equipo que se siente cómodo en la competición más importante y estresante del fútbol, se le aproxima en fiabilidad.

El Real Madrid ha construido este primer cuarto de siglo alrededor de figuras consagradas, las mejores que el mercado ofrecía. Desde Figo (2000) hasta Mbappé (2024), pasando por Zidane, Ronaldo, Beckham, Cristiano, Bale, Bellingham y dos docenas más de estrellas mundiales, su legado está menos asociado a sistemas y tácticas que al ingenio de sus famosos futbolistas. Salvo raras excepciones, caso de Hazard y Beckham, la mayoría cumplió con su papel diferencial, a ratos y en ocasiones solemnes, como sucedió con Bale o con una continuidad admirable, caso de Cristiano o Zidane.

Dos verdaderos jugadorazos, Kroos y Modric, adquiridos por un precio irrisorio a la vista de su contribución, sostuvieron las riendas del equipo durante diez años. Le dieron al Madrid no tanta arquitectura como ciencia. Manejaron un equipo que en su naturaleza no estaba el fútbol programado, sistemático, colectivo, pero la sabiduría de los dos maravillosos centrocampistas se concretaba en la manera de empalmar su sentido de la organización con la tendencia a la desorganización del equipo.

Los dos maestros abandonaron el Madrid y el equipo ha caído demasiadas veces en pecados de egoísmo, abandono colectivo y falta de criterio, problemas que se manifestaron en la última temporada de Ancelotti y en ésta, tanto con Alonso como con Arbeloa. Quizá el aspecto más celebrado por el madridismo en la victoria sobre el City fue el fenomenal despliegue colectivo del equipo, sin fisuras, ni tan siquiera cuando el equipo inglés amenazó con destruir a Trent Alexander Arnold en los primeros 15 minutos del encuentro.

En socorro del lateral acudieron Valverde, Tchouameni y cualquiera que estuviera en situación de ayudar, incluido el jovencísimo Thiago Pitarch, que ratificó en un día tan especial su magnífica actuación en Vigo, esta vez ayudado por Arda Güler y Brahim, futbolistas a los que se les cuestiona como titulares, pero resultaron instrumentales en el éxito, lo mismo que Rüdiger y Huijsen. En términos generacionales fue significativo el brillante partido del puñado más joven del encuentro.

Se volvió evidente que ese afán colectivo del Madrid no habría sido posible con Bellingham y Mbappé, cuyo talento e influencia no admiten dudas. Es posible que el partido hubiera terminado con la victoria del Madrid con dos de las mayores estrellas del fútbol mundial, pero es imposible pensar en un alarde colectivo ni por asomo similar. Este partido funcionará como recordatorio cuando regresen a su garantizada titularidad.

La noche estuvo a punto de hacer crisis en el primer cuarto de hora. El City perforó la banda derecha del Madrid, sin lograr concretar esa superioridad. Dos jugadores marcaron el signo del partido: O’Reilly, incapaz de interceptar un buen pase, pero fácil de detectar para el lateral inglés, y Valverde, que comenzó su fabulosa demostración. Marcó el primero y el segundo, concedido por Donnarumma de manera inexplicable. En los dos, y también en el tercero, se empleó con la rotundidad de los jugadores que se apoderan de un partido y no dejan ni el hueso a los rivales.

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Al City le noquearon los errores en los dos primeros goles. Fue otro equipo con respecto al de los primeros 15 minutos. Lo que asustó al Madrid en ese trecho no volvió a repetirse. Lo que no asustaba al City hasta entonces se convirtió en un problema irresoluble. Valverde entró en combustión y el resto del equipo le siguió sin pestañear en un partido que entusiasmó a su gente.

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