Como un pincel
Sin la menor sorpresa en la vuelta del Real Madrid-Manchester City. Partido de confirmación para los dos equipos. Uno está perfectamente equipado para asaltar los tres grandes títulos en disputa. El otro se enfrenta a un triple desafío: aceptar su debilidad actual, tomar decisiones de carácter quirúrgico en la plantilla y acometer la regeneración con la máxima precisión.
Clubes como el Milan, faro del fútbol europeo desde finales de la década de los 80 hasta principios de esta década —cuatro Copas de Europa, cinco finales disputadas entre los años 1989 y 2007—, han pasado a un tercer o cuarto plano en los últimos 15 años. Algo parecido sucede con el Manchester United, que ha dilapidado montañas de dinero por el desierto que atraviesa desde 2011.
El mejor resumen del partido y del estado del Real Madrid lo hizo Guardiola, después de reconocer la distancia entre los dos equipos. “Es el mejor Madrid de todos a los que me he enfrentado”, dijo. Algo debe de saber de la materia. No hay técnico se haya enfrentado más veces al desafío que supone el Real Madrid en la Copa de Europa.
En una situación que no invita a extenderse en explicaciones, Guardiola dedicó un buen tiempo a responder a Antón Meana, Cadena SER, que le preguntó por su opinión de su rival. “He visto un Madrid completo en todos los aspectos, en el juego, en la manera de presionar y dónde presionar, también en la toma decisiones tanto individuales como colectivas. Antes era un equipo de transiciones, ahora maneja todos los conceptos. En cuanto a los jugadores, su calidad está fuera de toda duda”.
El caso es que el Madrid está donde quería, octavos de final, con la puntualidad que la caracteriza, pero con las mejores impresiones. La derrota contra el Barça en la Supercopa se ha evaporado de la memoria del madridismo. Pocos días después, el Celta le llevó a la prórroga en la eliminatoria de Copa, con el Bernabéu al borde del incendio. El mayor obstáculo que ha encontrado el equipo desde entonces ha sido la ofensiva epistolar del club contra todos los estamentos del fútbol español.
En la Liga, el Madrid ha entrado en una dinámica nerviosa, de la que ahora también participa Ancelotti, beligerante en la banda y en las conferencias de prensa. La expulsión de Bellingham también se encuadra en este ámbito de hipersensibilidad general, que distrae de la otra gran realidad: el Madrid está como un pincel. Desde el medio tiempo del derbi madrileño hasta aquí, ha sido muy superior al Atlético, Osasuna y en los dos encuentros que le han enfrentado al Manchester City.
Nada le distrajo en la eliminatoria europea, incluidas las dos situaciones de desventaja en el primer partido. En el Etihad no resolvió la eliminatoria, pero la dejó lista para la plancha. En el cuarto minuto de la vuelta, el Madrid había sentenciado con el primer gol de Mbappé en una noche memorable del francés, autor de tres goles y de una actuación que, en términos de jerarquía, le coloca en el lugar que el club sospechaba cuando le contrató.
Mbappé es un fantástico jugador por sí mismo. No digamos si encuentra la colaboración de Rúben Dias, Stones y compañía, empeñados en convencernos de su decadencia, que afecta a la mayoría de los jugadores del City. Su tiempo ha pasado, al contrario que el del Madrid, donde prevalece la juventud y se ha disipado el temor a las grietas en la zona defensiva, asolada por las bajas. Una vez más, esta vez como lateral derecho, Valverde confirma su liderazgo real en el equipo. En cuanto a Asencio, no sólo no hay dudas de sus méritos: es un central extraordinario.
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