Blanco y Cazorla, un líder y un lujo necesarios
El mediocentro del Alavés y el mito del Oviedo encarnan el peso emocional y futbolístico de sus equipos.


El brazalete en el campo
Con la batalla por la permanencia en un puño, hay jugadores como Antonio Blanco (25 años) que valen un potosí. El mediocentro del Alavés jugó un partido soberbio ante el Espanyol, otro más para su colección, destacándose una vez más como un seguro para su equipo. Es el líder, el capitán, un centrocampista completísimo con una inteligencia defensiva destacada y un sentido para la organización muy afilado. Sus once contribuciones defensivas en Cornellà, a las que añadió un gol con su pierna mala que ponía el empate momentáneo, resultaron determinantes para que el Alavés conquistara una segunda victoria consecutiva que le cambia por completo el panorama. Blanco es ese prototipo de futbolista imprescindible, trabajador y consistente, con un control de la situación por encima de la media y un aparente criterio en la distribución. De fondo, se especula con su futuro y las opciones de dar un salto en su carrera la próxima temporada. El Alavés no se puede permitir ahora otra salida traumática como la de Carlos Vicente al Birmingham. En cualquier caso, si un debate tradicional en el fútbol es dirimir el nivel máximo que puede ofrecer un jugador durante su trayectoria, parece que aquí no hay demasiado margen para la polémica: el horizonte de Antonio Blanco es estimulante.
Imperativo
Nunca es una buena idea prescindir de aquellos jugadores distintos que pueden marcar la diferencia. Cualquier circunstancia, incluso un supuesto declive físico, debe quedar en un segundo plano en favor de conceder espacios y minutos, los pocos que sean, a ese tipo de futbolista. Más si eres el Oviedo y eres Cazorla (41 años). La gestión que se ha hecho desde el banquillo con una figura como la del campeón de Europa con España no ha sido óptima, incluso Almada lo reconoció públicamente este pasado sábado. En un equipo al que no le sobra la calidad y que también necesita de referentes emocionales en el terreno de juego, Cazorla siempre tiene que tener tiempo de exhibir su calidad. Por algo es el jugador de la plantilla que más ocasiones genera por minuto jugado: 1 cada 46’. En esa línea, su irrupción contra el Girona condujo al Oviedo hacia la victoria. Tocó siete balones sin fallo, inició la jugada del único gol y hasta puso a Ilyas en otra ocasión delante de Ter Stegen. La exuberancia técnica, la imaginación y el discurrir de Cazorla tienen que ser obligatoriamente utilizados en el Oviedo.
Espeso
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La claridad ha abandonado al Athletic. No hay manera de que se procure un encuentro en el que su propuesta ofensiva fluya. Ante esa realidad, tampoco se esperaba que lo lograra en el derbi frente a la Real Sociedad, pero las sensaciones fueron casi peores que otras veces, únicamente maquilladas por la discutida expulsión de Brais Méndez y el precioso gol de Galarreta. Antes de esa jugada apenas se podía rescatar algo positivo de su ataque. Lo que es la insistencia y el empuje no faltaron; las ideas, por contra, brillaron por su ausencia. El Athletic firmó 26 centros y 43 toques en el área rival, pero su carga fue de fogueo. Es un problema colectivo y de nombres. Nico Williams se pierde en el regate y maldice su pubalgia, su hermano anda ofuscado, Sancet no se reconoce y el resto de la plantilla hace lo que puede. Como es costumbre en Bilbao, la Copa puede ser la respuesta a todo.
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