Arabia, mal... PSG y City, bien
Muchos agentes y jugadores están comprobando de primera mano que los saudíes son ricos, no tontos.


Exigencia. “Ahora que huelen el dinero de Arabia, hay que quitarse de encima a los moscones”. La frase es de un dirigente importante del fútbol saudí y define bien lo que está ocurriendo desde que PIF, el fondo soberano del país, invirtió en los cuatro grandes clubes nacionales. Muchos agentes y jugadores están comprobando de primera mano que los saudíes son ricos, no tontos. Quieren potenciar su liga y su fútbol, pero no con cualquiera ni a cualquier precio. Las medianías no valen. Mariano, por ejemplo, no les vale, pese a los ofrecimientos. Ni Hazard.
Inquietud. Igual que con los qataríes, negociar con los saudíes es muy duro. Están acostumbrados a llevar la voz cantante, a tener éxito en las operaciones. En cualquier caso, la estrategia de Arabia Saudí ha servido para revalorizar su liga y situarla en el foco mundial. Hasta la UEFA y la Premier se están viendo incomodadas.
Encaje. Los clubes-Estado con los que en Europa se lidia a diario son una minucia comparados con esto: una Superliga de estrellas creada directamente del bolsillo inagotable del fondo soberano saudí. Curiosamente, a los jerarcas del fútbol europeo esto les parece mal y lo suyo bien. También podría darse la vuelta a la tortilla: aquellos que braman con PSG y City ven lo de Arabia como algo interesante, un impulso único, un negocio.
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Religión. El caso es que el 20 de agosto arranca la Saudi Pro League. Queda mes y medio y los fichajes continúan. De momento, y este dato es clave, los musulmanes son mayoría: Benzema, Kanté, Koulibaly… Por sus creencias, para ellos es más fácil aceptar la vida en Jeddah o Riad que para cualquier otro. Véase el caso de Messi, que, a diferencia de Cristiano, prefirió Miami a la astronómica oferta saudí. Y como él, otros muchos. Arabia corre el riesgo de acabar siendo una liga de árabes y para árabes. Su mayor barrera es esa: abrir Arabia al mundo. Complicado.
Hoy descubrimos a... Zuriko Davitashvili (2001). Sus exhibiciones en la Eurocopa Sub-21 han llevado a Georgia a lo más lejos alcanzado en un torneo. Hoy juega ante Israel por un puesto en semifinales y los JJ OO. Davitashvili era considerado el bueno de la generación Kvaratskhelia. Su clase es altísima y suena a poco que vaya a jugar en la segunda división francesa con el Burdeos. Un talento a sumar a aquellos georgianos de leyenda: Ketsbaia, Kinkladze, Arveladze, Kaladze, Kobiashvili, Ananidze, Kvaratskhelia… Todos tuvieron, y tienen, algo especial.



