Al Madrid nada le es fácil
El equipo blanco está en octavos, el mínimo que se le podía pedir, pero su juego todavía no inspira confianza.


Conviene pararse en los detalles para que la victoria no tenga un aire engañoso. El Madrid está en octavos, el mínimo que se le podía pedir, pero su juego todavía no inspira confianza. El Benfica le puso en serios aprietos, resueltos por Courtois, Tchouameni y Vinicius sin que su equipo tuviera la tutela efectiva del partido. Nada le es sencillo, tampoco con ventaja en el marcador, y continúa sin ofrecer una versión redonda en ninguna faceta.
No se sabe del todo dónde estaba Mourinho, pero sí que preparó bien el partido. Sus decisiones metieron al Madrid en un lío. Sin el sancionado Prestianni, apostó por Richard Ríos como falso perfil de banda, porque cuando el Benfica tenía el balón se intercalaba por dentro para fijar a Camavinga y dejar así la banda a Dedic. El lateral fue una pesadilla para el Madrid. Cuando saltaba Carreras a por él —pocas cosas hay peores para la estabilidad de un bloque que un cara a cara directo entre lateral y lateral—, quedaba un vacío prominente en el costado izquierdo blanco.
No se quedó ahí Mourinho. El entrenador portugués también ordenó atacar la espalda entre líneas de Tchouameni y Camavinga, con Rafa Silva o uno de los mediocentros en ese lugar. Pavlidis asumió un rol similar al ubicarse entre Trent y Asencio para crear esa duda en la vigilancia. Sobre ese plan de éxito, el Benfica comenzó con mando y llevando una sensación de peligro real sobre el área de Courtois, correspondida con el gol de Rafa Silva. Por suerte para Arbeloa, Tchouameni trajo cordura para su equipo antes que le embistiera el pánico.
Sin un grado de fiabilidad notable, el Madrid se pudo hacer con el control bajo el rigor de Tchouameni, la batuta de Güler y el dinamismo de Valverde. Encontrar a Vinicius fue la manera de hundir a un Benfica que no se defendió mal a nivel colectivo, pero al que errores individuales de concepto le terminaron matando. De todos modos, todo le costó al Madrid, expuesto siempre al buen hacer ofensivo de los de Mourinho.
Si acabó bien el primer tiempo y empezó seguro la segunda parte, poco a poco se fue diluyendo ante la personalidad lisboeta. Camavinga fue una debilidad constante por su equivocada lectura en los saltos y coberturas. No sonó extraño que Arbeloa recurriera al movimiento de invertir el perfil de Valverde para dar equilibrio a su equipo. Aun así, el Madrid caminó sobre el alambre. Schjelderup complicó el panorama a Trent, Rafa Silva tuvo tiempo y espacio para intervenir y Pavlidis siempre fue un problema a atender. Entre Rüdiger y Courtois solventaron las dificultades antes de que Vinicius trajera la tranquilidad final.
Fue el colofón a una eliminatoria dura para el Madrid, también delatadora. La prioridad de Arbeloa de recuperar el orden, la solidaridad y la consistencia como puntos de partida parece bien pensada, pero necesita todavía de una mayor adhesión y regularidad, además de incorporar soluciones ofensivas desde la pizarra. Si no es así, al Madrid no le dará para mucho más.
El movimiento silencioso de Gonzalo

El delantero ataca el área desde atrás y su desmarque permite que Tchouameni llegue liberado. Ocupar la zona de finalización es elemental para el Madrid.
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