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Aida: un campo de sueños, en peligro

Es difícil ser niño en Aida. Casi imposible encontrar espacios para el juego y la esperanza. Pero desde hace apenas cinco años existe uno.

Banderas de Palestina durante un partido de fútbol.
Russell Cheyne
Galder Reguera
Actualizado a

Situado en el límite norte de Belén, en Cisjordania, el campamento de refugiados de Aida es uno de los más pequeños y densos de Palestina. Fue fundado en 1950, tras la Nakba de 1948, como asentamiento provisional para familias expulsadas de aldeas al oeste de Jerusalén. Con el tiempo, las tiendas de campaña fueron sustituidas por hormigón, al mismo ritmo que se apagaba la esperanza de los desplazados de regresar a sus hogares.

Hoy viven allí alrededor de siete mil personas, apiñadas en apenas 0,071 kilómetros cuadrados, el equivalente a unos diez campos de fútbol. Aproximadamente un tercio son niños y niñas que no han conocido otra realidad que la del encierro bajo la sombra del muro de separación, visible desde cualquier rincón del campamento como un símbolo funesto.

Es difícil ser niño en Aida. Casi imposible encontrar espacios para el juego y la esperanza. Pero desde hace apenas cinco años existe uno. El Aida Football Center es un pequeño campo de hierba artificial por el que cada semana pasan cientos de niños para jugar al fútbol. Físicamente está pegado al muro; simbólicamente es todo lo contrario. Ese diminuto rectángulo verde es, para quienes entrenan allí, un espacio donde soñar. Como en tantos otros lugares, cuando el balón empieza a rodar, los males desaparecen, aunque sea de manera temporal.

Pero ese lugar está ahora en peligro. Hace unos días, los niños que acudieron a entrenar se encontraron con una orden de demolición israelí.

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Ayer por la mañana me habló de ello mi amiga Honey Thaljieh, fundadora de la selección palestina femenina. Una heroína del fútbol que demostró que, con un balón en los pies, se puede transformar el mundo para mejor. Necesitan que se difunda la noticia. Entre tanto ruido, aún estamos a tiempo de evitar que se destruya ese lugar. Quiere lograrlo por los niños, pero también por el propio fútbol: un deporte que ama y defiende, y que sabe que es una herramienta inigualable para hacer el bien allí donde más se necesita. Ayudémosle(s).

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