JUAN JIMÉNEZ

Manolo Santana, in memoriam

No vi nunca jugar a Manolo Santana, pero una vez tuve el privilegio de sentarme a comer a su derecha en El Cabra, en la playa de Pedregalejo en Málaga.

Juan Jiménez
Redactor Jefe
Redactor jefe de AS. Fue colaborador en AS (2000-04) y, después de pasar por Málaga Hoy, regresó como jefe de Sección en Málaga. Delegado de Andalucía entre 2009 y 2012, colaboró en la integración digital-papel de AS en Madrid. Cubre la información del Barça y la Selección de baloncesto. Tres Juegos Olímpicos. Colaborador de SER, Canal Sur y Gol.
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Carisma. No vi nunca jugar a Manolo Santana, pero una vez tuve el privilegio de sentarme a comer a su derecha en El Cabra, en la playa de Pedregalejo en Málaga. Quién pillara esa foto, que durante algunos años colgó del salón interior del restaurante. Me resultó un personaje magnético. Seguramente estaba impresionado por todo lo que había leído de él, y también por lo que me contaba el entonces director y hoy presidente de honor de AS, Alfredo Relaño ("Bahamontes, Santana y Gento eran la Santísima Trinidad..."). Lo que más me gustó cuando me senté con Santana es que tuve la certeza de que a él no le habría hecho falta ganar Wimbledon para ser un adelantado a su tiempo; y, sobre todo, a aquella España retrógrada y falta de libertades que le tocó vivir. Iba bastante por delante en tantas cosas... Siendo un hijo de la Guerra Civil (nacido en 1938), su capacidad de trascender, su mirada larga para aceptar el trance que pasó su padre, represaliado republicano, me pareció admirable.

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Legado. El pasado 5 de mayo, Carlos Alcaraz se enfrentó por primera vez en su carrera deportiva a Rafa Nadal. Lo hizo en el Mutua Madrid Open... en la pista Manolo Santana. Como hilo conductor, pocas cosas más simbólicas. No vamos a decir que Nadal nunca hubiera pasado sin Santana; ni Alcaraz sin Nadal. Lo que sí es seguro es que para un deporte tan limitado como el español, que nunca vio más allá del fútbol durante décadas, Santana fue un hilo del que tirar como Orantes y luego Gimeno, hasta encontrarnos con aquellas tardes memorables de Copa Davis de Sergio Casal y Emilio Sánchez Vicario en la pista talismán Real Club de Tenis Barcelona; de Arantxa convirtiéndose en heroína contra Steffi y Mónica Seles. De Bruguera quitándole la gorra a raquetazos a Jim Courier en Roland Garros. Milagrosas medallas olímpicas, Jordi Arrese a la cabeza, cayendo en Vall d'Hebron. Conchita conquistando la hierba prohibida de Wimbledon ante la reina Navratilova. El genuino Carlos Moyá y Corretja jugando una final de Masters... Hasta los días de Ferrer, Verdasco, Nadal, Carla, Garbiñe y ahora Badosa.

Legado. Se nos va Santana y sigue el tenis. Menos tradicional, tal vez. Con una nueva y menos romántica Davis, la de Piqué. Con formatos experimentales en el Next Gen ATP Finals. Pero qué fue Manolo Santana, sino un atrevido que hasta se la jugó con aquella tierra batida azul del Mutua. Esta Navidad habrá que pasar por El Cabra y preguntar por aquella vieja foto. Gracias por todo, Manolo.

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