Mr. Pentland

Míster Pentland fue justo lo que la mayoría llevamos dentro: un entrenador. El precursor y más innovador. Este rincón tratará de su gremio. De los inicios, las trayectorias y las anécdotas de sus sucesores. Modestos y profesionales. Españoles y foráneos. De club o seleccionadores. Bienvenido. Pase y tome asiento.

Autor: Alfredo Matilla

MR. PENTLAND

Marcelino, a mí tampoco me querían

El técnico se hace cargo del Athletic entre los recelos de aquellos aficionados que han hecho memoria. A veces (Sánchez Dragó, Carlos Goñi...) hay que mirar al pasado para reírse.

Marcelino, a mí tampoco me querían
PAU BARRENA AFP

Mi pareja no me podía ni ver en la Universidad. Decía que era un chulo. Sería por la gomina que envolvía a este paleto. El caso es que por aquí anda disimulando 16 años después.

Fernando Sánchez Dragó llegó a servir a la causa del PCE cuando la noche se lo permitía. Su presente como columnista, y alma máter del ala más conservadora, resume su metamorfosis.

Carlos Goñi, antes de sus odas al amor, llegó a poner todo patas arriba con Los Inhumanos.

Marcelino lleva diciendo durante la última década poco más que en San Mamés se halla el averno. Y ahora ese mismo infierno es el que le dará cobijo hasta 2022.

La vida.

Quien se sorprenda de las vueltas que da la noria y ande a estas horas haciéndose mala sangre, por la actualidad en el Athletic, pierde el tiempo y obvia los millones de ejemplos a modo de calmantes. Si por algo se caracteriza el ser humano es por ser capaz de decir una cosa y la contraria (véase la política), por atacar públicamente al vecino con el objetivo de ser más reputado en su comunidad (recuerden al Luis Enrique futbolista) y, sobre todo, por justificar cualquier cosa antes que pedir perdón (deporte nacional y olímpico). En fútbol siempre se espera a que hable el balón. Dos victorias seguidas y pelillos a la mar. El problema es que el Athletic se enfrenta de manera consecutiva estos días a Barcelona, Atlético y Real Madrid.

Por eso, los asesores de Marcelino deberían ir redactando un boceto para el primer discurso de este martes en su nueva casa: “En el pasado cada uno defendíamos lo nuestro, como es lógico. Sin faltar el respeto. Y si molesté alguna vez a alguien pido disculpas. No era mi intención. Siempre he admirado al Athletic, su filosofía y a su afición. De ahí que haya aceptado venir en una situación tan complicada. Para ayudar. Es un orgullo ser uno de los vuestros”.

Eso sí, si los gestos del personal no se ablandan y dulcifican, entonces habría que empezar a repartir octavillas a toda prisa por la sala de prensa con el currículum de Clemente. El exseleccionador dirigió al Athletic y a la Real Sociedad. Como Hertzka, Antonio Barrios, Albéniz, Artigas, Iriondo, Amorrortu o Irureta, entre otros. Que no es ninguna broma. Y no hace falta molestar al servicio de documentación para saber que habrá más de una declaración cruzada y altisonante en las que ya pocos repararán.

El mismísimo Di Stéfano entrenó a Boca Juniors y más tarde a River Plate, que es algo mucho más comprometido que una aislada y populista rajada. Argentina es la cuna de la pasión. Enrique Fernández y Antic dirigieron a Real Madrid y Barça. Mourinho, por poner otro ejemplo familiar, lo hizo con Chelsea y ahora con el Tottenham (ni me molesto en hojear la hemeroteca), además de presumir de blaugrana antes de darlo todo vestido de blanco. Zeman ha entrenado a Roma y Lazio y sigue vivo. Cubilla se hizo cargo de Peñarol y Nacional en Uruguay. Mientras que Oswaldo de Oliveira pasó por Flamengo y luego Fluminense en Brasil.

Mi intención no es justificar el pasado de nadie. Quién soy yo. Más bien deseo prevenir males mayores en el presente y endulzar el futuro. Marcelino se las apañará. Pasó de Villarreal a Valencia por un puente de plata. Me preocupa mucho más que tengo un compañero del Athletic, al que aprecio, pintando de azul las rayas blancas. Repite maldiciendo por qué ha tenido que ser Marcelino entre los tropecientos entrenadores que hay. No perdona sus dardos por los supuestos favores arbitrales de hace años. Y no consigo animarle. Probaré a enseñarle mi foto de boda. O a ponerle aquel mítico programa literario de Dragó, ‘Negro sobre blanco’, con su pegadiza melodía ‘Todo está en los libros…’. Recurrir a pinchar Revólver es excesivo.