Mr. Pentland

Míster Pentland fue justo lo que la mayoría llevamos dentro: un entrenador. El precursor y más innovador. Este rincón tratará de su gremio. De los inicios, las trayectorias y las anécdotas de sus sucesores. Modestos y profesionales. Españoles y foráneos. De club o seleccionadores. Bienvenido. Pase y tome asiento.

Autor: Alfredo Matilla

MR. PENTLAND

Dimito

Es un objetivo, un sueño y una cuenta pendiente con mi padre, al que envidio como a Camacho y a Conte. Koeman, Gracia y muchos 'corbatas' pudieron pero no lo hicieron.

Dimito
RODOLFO MOLINA DIARIO AS

No sé si alguna vez ustedes han dimitido de algo. Pero esa sensación debe ser lo más. Quién pudiera ser en la actualidad político o Bartomeu para tener la oportunidad de comprobarlo.

Siempre tengo presente el día que mi padre llegó a casa a la hora de comer, medio serio, medio orgulloso, diciendo que había renunciado a un ascenso impuesto en el trabajo justo antes de que se oficializara. Nunca podré olvidar cómo en aquel momento comenzó a fraguarse ante mí el héroe que veo en la actualidad. Aunque pudiera parecer una contradicción ese día, el del portazo, la paella llevó doble de gambas.

El Campe ya era en La Mancha jefe de turno en Campsa, por currículo, verbo y canas, pero rechazó ocupar un cargo superior en la empresa ya que el aumento de sueldo también iba necesariamente ligado a la urgencia de sacar la tijera con sus compañeros, a comulgar con ruedas capitalistas de molino y, en definitiva, a vivir de espaldas a su salud de hierro y a su vena sindicalista. Aquella impropia cabezonería le costó la degradación profesional del capataz, el exilio durante meses de angustia a Valencia y la espina, en forma de estigma, de no haber llegado donde pudo ni haber ganado lo que otros. Sin embargo, su negativa supuso un impacto reverencial en el gremio y fue un terremoto con mil réplicas en mis pensamientos.

Seguramente, ahora que reflexiono, llevo 38 años intentando imitarle inconscientemente buscando, sin éxito, una dimisión de tal calado. No existe una ruta más corta y directa para infundir respeto y allanar el camino que ser fiel a tus principios a ojos del resto. Dejé la clase de Religión al día siguiente de tomar, obligado, la Comunión. Me alejé de alguna novia que quería atarme a la pata de la mesa con 13 años. Abandoné a un buen equipo por no jugar a mi juego. Me casé a puerta cerrada. Renuncié a alguna buena oferta de trabajo porque esos colores no eran los míos o porque el promotor del plan era un dictador. Pero dimitir como tal, aun pensándolo, nunca lo he podido hacer al no pisar jamás las alturas. El plantón de Camacho al Madrid o el de Conte a la Juventus no hicieron más que reforzar esa percepción, quizás desvirtuada pero sincera, de que el verbo que a uno eleva más, y le deja la conciencia más tranquila, es el de dimitir a tiempo. Es un objetivo pendiente. Al exseleccionador se le conoce más por aquella salida por sorpresa del club de su vida que por cualquier otro hito en sus 28 años de carrera en la banda. Al actual técnico del Inter de Milán no le ha ido peor la vida después de aquel veraniego suceso: de ahí le encomendaron dirigir a Italia, pasó más tarde por el Chelsea (con Premier y FA Cup incluidas) y lo quiso fichar hasta Florentino hace sólo un rato.

Viendo este año cómo se agarra al cargo David Aganzo en AFE, con sus buenas razones pero también con parte de su Junta en contra, o cómo resiste Tebas en la patronal con un gran legado aunque con numerosos clubes (varios de los grandes) en la inquieta oposición, no hago más que darle vueltas a que dimitir, a veces, es algo sano y sin precio pero también es lo que da más alergia en este país. Del ejemplo en el Congreso mejor ni hablar. Pero esto ya se sabe desde hace tiempo. Donde realmente he esperado un gesto que no llegó ha sido en los banquillos de nuestra Liga. Un lugar del que tantas veces echan a los técnicos, con o sin razón, por los fríos resultados, y que en ocasiones no estaría de más utilizar como atalaya desde la que señalar a dirigentes sin capacidad para reivindicar que, ante todo, en esa parcela habitan seres humanos. Koeman en el Barça y Javi Gracia en el Valencia lo han tenido a huevo para liderar a ese pequeño grupo de valientes que, por delante del dinero, sitúan los ideales y el respeto. Han podido caminar bajo palio y, sin embargo, han elegido apagar incendios sin manguera.

FUTBOL 20/21Javi Gracia, con la mano en la cara, en un entrenamiento.

El holandés estaba dirigiendo a su selección rumbo a la Eurocopa, no se le fue Messi nada más llegar de milagro, la revolución que quería y aireó quedó en una involución por la letra pequeña de muchos contratos que quisieron finiquitar antes de tiempo y el mercado le recordó que su 9 pasa a ser Braithwaite para lo bueno y lo malo. El héroe de Wembley podría haber acrecentado su leyenda sin cerrarse la puerta del club para un futuro inmediato, al revés, pero ha preferido pájaro en mano. Xavi no tuvo su pegada, claro está, como también es patente que siempre ha parecido más fino, contemporizador e inteligente. Su negativa en Navidad se le conmutará en breve por un cheque en blanco. Lo del técnico che ha sido bastante peor, porque la humillación fue más sonora, vejatoria y dolorosa. Lim y sus secuaces han destruido un proyecto de calado, aprovechando que la grada está vacía, y la directiva le ha ido desacreditando hasta brindarle un plantel de medio pelo por no fichar lo apalabrado. Continuará sin convicción, que es lo más grave que puede hacer cualquiera que esté inmerso en un proyecto.

Les deseo suerte porque la necesitarán y, además, porque han demostrado y están demostrando categoría. Ahora, cuando salgan de Barça y Valencia, porque todo pinta a que saldrán, no tendrán ninguna validez sus entrevistas justificadoras atacando al personal y, llegado el caso, señalando las incompetencias que vivieron y que no les permitieron triunfar. Las oportunidades tienen fecha de caducidad. Veremos la evolución de sus trabajos en pleno temporal. Con los banquillos institucionales, con y sin balón, me he rendido. Ya esperamos de ellos entre poco y nada. Ahí sí que, como un escribano más de la actualidad, dimito. Aunque sea por ensayar. Qué bien suena. Para todo y en cualquier momento. Dimito. No me canso de decirlo y planearlo. De momento, como ejercicio de honestidad, como titular que agradará a los colegas del SEO, como recordatorio de que se dimite mucho menos de lo debido y de lo que necesitamos y, más que nada, como entrenamiento personal hasta que pueda rendirle realmente justicia a mi padre.