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Cuando a Cruyff le dio un ataque de 'Romerito'

Romerito, el día de su debut con el Barcelona, el 1 de abril de 1989.

AS

El atacante paraguayo llegó un miércoles desde Brasil y el sábado fue titular en un clásico en lugar de Lineker. No había jugado en Europa y ya tenía 29 años.

Era la última semana de marzo de 1989 y no se hablaba de otra cosa que de aquel tal Romerito. Cruyff estaba en su primera temporada de entrenador del Barça, esperaba la visita del Madrid de La Quinta del Buitre y exigió perentoriamente su fichaje.

Julio César Romero, Romerito, paraguayo, había sido elegido mejor jugador de América en 1985 jugando en el Fluminense. Cruyff le había conocido cuando ambos jugaban en la Liga norteamericana. Era un atacante con brillo para el último pase y velocidad para llegar al gol. Pero tenía ya 29 años y no había sido probado en Europa, así que llamó la atención esa insistencia de Cruyff. El Barça tenía hueco para un tercer extranjero. Cruyff llevaba tiempo reclamando a Koeman, pero a este no le soltaba el PSV hasta fin de temporada. En esas se lesionó Bakero y fue entonces cuando le dio el ataque de Romerito.

Sus éxitos como entrenador estaban aún por llegar, pero su prestigio y personalidad imponían. Además, Núñez se presentaba a la reelección, con Sixte Cambra como rival, el mismo día del Barça-Madrid. El Madrid era el primero, el Barça estaba a tres puntos, no quedaba mucho para el final de la Liga. En esas condiciones, no se atrevió a negarle el capricho a Cruyff.

Al jugador le llamaron directivos del Fluminense la noche del sábado 25. Ya estaba dormido, tras jugar y marcar contra el Inter de Portoalegre. Le citaron en un restaurante a las dos de la madrugada y le dijeron que tenía que ir al Barça. Él lo vio arriesgado, quiso resistirse, pero al Fluminense la operación le daba 40 millones a los que no iba a renunciar. El club estaba en la ruina, era su salvación.

Romerito era cuñado de Amarilla, ex del Zaragoza y del Barça, que le animó a aceptar. Salió el martes, llegó el miércoles y encontró un ambiente de desmedida expectación. A él le dieron 40.000 dólares por tres meses y la posibilidad de seguir después del verano. La opinión pública estaba alborotada.

El partido se jugó el sábado 1 de abril. Todos los ojos estaban en él, que jugó como nueve retrasado, dejando en el banquillo nada menos que a Lineker. Dio algunas de cal y tres de arena. Algún pase clarividente, buena movilidad, un aire técnico prometedor... El partido fue nivelado hasta los últimos 10 minutos del primer tiempo, en los que el Barça abrumó al Madrid. Y ahí, en esa fase decisiva, se le escaparon tres goles: en el 35', en el 41' y en el 44', sobre todo éste, cuando cabeceó a placer desde el borde del área chica, pero no la colocó y paró Buyo. En el descanso todo son comentarios sobre los goles que mandó al limbo. Luego va a menos y en el 80' le sustituye Julio Alberto. El partido acabó 0-0. El Madrid se quedó con tres puntos de ventaja más el goalaverage particular. Ganaría aquella Liga. Núñez ganó la reelección. Se votó durante todo el día, hasta el partido.

El único gol, contra el Málaga

Cruyff se empeñó en decir que había hecho un partidazo, pero no colaba. Repitió contra el Zaragoza y no marcó. Se lesionó luego contra el Valladolid. Perdió el hilo. Reapareció a tres jornadas del final y el último día marcó su único gol, al Málaga. Los compañeros, que le habían cogido cariño, le felicitaron efusivamente. Para entonces ya sabía que no le iban a prolongar el contrato.

Cinco partidos y un gol, al precio de 40 millones, que Núñez consiguió a toda prisa con un raro chanchullo. Se lo pagaron a medias entre TVE y TV3, a cambio de adelantar al martes 4 su partido de Recopa, contra el Sredets, a fin de dejar solo para el miércoles el Madrid-Milán, semifinal de Copa de Europa. Así se podían televisar los dos.

Romerito se fue discretamente. Siguió su carrera por México, Paraguay, Chile y otra vez Paraguay, donde a los 38 se retiró en el Sanluqueño, su equipo de origen y del alma. Aquí quedó como un capricho absurdo de Cruyff, que se lo haría perdonar con la construcción del Dream Team. Romerito vive hoy en Paraguay, donde es respetadísimo.

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