El triunfo de la ideología en el fútbol
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Ya el fútbol no es lo que era; en gran parte por futbolistas como Xavi. Matías Prats hablaba con mucha devoción, en los años gloriosos del fútbol asociación, de aquellos jugadores que desde el medio campo "otean el horizonte". Eran los Gensana, los Zagarra, era Miguel Muñoz. Oteaban el horizonte, y le pasaban la pelota a Kubala, o a Di Stéfano, y hacían que el estadio adivinara que antes de que las botas se pusieran en funcionamiento ahí había una idea. Esos futbolistas que otean el horizonte han regresado a los campos de fútbol, y ahora hay quienes los aprecian, como los apreciaba Matías Prats. La afición se rinde ante Xavi y ante Xabi, y ante Iniesta. Éste es el tiempo de la ideología en el fútbol, y quien no lo entienda se quedará a medio camino.
Quizá pueda continuar haciendo resultados pero seguirá despreciando la imagen de un fútbol asociativo que se basa en el respeto a una regla básica: no se puede entender el juego sin el pase, es decir, sin la generosidad del que ve desde su posición el lugar del compañero mejor situado para ganar la partida al contrario. Xavi Hernández representa ese personaje, ese lugar en el campo, y es el centro de la ideología del Barça. Guardiola lo sabe, porque es como él, de su misma escuela, la escuela que llamaron del cuatro, la que resurgió para bien de este deporte de la mano de Johan Cruyff, cuando (como decía Michael Robinson) los futbolistas dejaron de ser atletas y se convirtieron en magos que dibujaban en el aire sus jugadas.



