Yo digo Juan Cruz

La gran solemnidad de lo obvio

Noticias relacionadas

Que Teixeira haya necesitado tantas inspecciones para decir que el partido no se podía jugar es, quizá, lo lógico y lo reglamentario. Pero ese silencio misterioso con el que ocultó sus dictados ante los telespectadores y ante los parroquianos de Sevilla es tan solo una muestra más de esa solemnidad un poco reiterativa con la que los árbitros adornan su administración del fútbol. Aparte de que Canal + dio una lección profesional de buen humor y de eficacia -prolongó hasta el infinito la duración de su programa de fútbol, e hizo que ese tramo de más fuera puro periodismo televisivo, y no mero parlamento de comentaristas-, los que estábamos en casa nos fuimos irritando poco a poco con ese silencio administrativo con que Teixeira concluía cada una de sus inspecciones.

El suspense no tenía por qué prolongarse tanto tiempo. Desde las ocho de la tarde, cuando veíamos sobre el campo esos balines de hielo, resultaba obvio que el partido tenía todos los boletos para sumirse en la nada; en el estudio del Plus, Víctor Fernández, que ya padeció una suspensión parecida en Sevilla -un Betis-Barça, en Semana Santa- advirtió cómo iba a terminar aquello, y todo el mundo tenía la convicción de que aquel funeral de agua iba a acabar ahogando el encuentro. El único que seguía con cara de póquer era el árbitro, que al final botó otra vez el balón sobre el jardín de agua y tuvo que resignarse. Antes vimos a unos operarios que trataban de achicar el agua a carcajadas. Ellos también sabían que Teixeira estaba mareando la perdiz. Y se reían de la solemnidad de lo obvio.

Inicia sesión para seguir leyendo

Sólo con tener una cuenta puedes leer este artículo. Es gratis
Gracias por leer

Te recomendamos en Opinión

Productos recomendados