Una final sin título en juego
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El Madrid ganó ayer una final. Su particular final para entrar en la Copa por la gatera por no haber hecho los deberes a tiempo. Lo hace a costa del Fuenlabrada, a quien quita la plaza porque así lo reglamenta la ACB - "el anfitrión invitado será de la ciudad, no de la Comunidad"-, y a costa del Estudiantes, pues al no haberse metido ni uno ni otro entre los ocho primeros se clasificaría quien mejor quedase de los dos. Ha sido el Madrid gracias a que el Estudiantes tuvo un comienzo calamitoso: cinco partidos, cinco derrotas. Lo que duró el enfado de Carlos Jiménez con su equipo por no dejarle irse al Madrid. Se descuentan esas cinco jornadas y el Estudiantes sería ahora mismo cuarto, cinco puestos por delante del Madrid.
Vaya bromita el caso Jiménez. Los efectos de la desestabilización que provocó en el Estudiantes están ahora a la vista. El Madrid ha sido el gran beneficiado y ayer tuvo que cumplir su penitencia: jugar su primera final de la temporada sin ningún título en juego. Una final humillante para el club; si perdía no entraba en la Copa y si ganaba la jugaría gracias a que la Comunidad paga 300.000 euros para que se dispute en la capital. Fue una final en el auténtico sentido de la palabra, tal y como se disputó el partido. Con intensidad y emoción, con grandes fallos y aciertos. Venció quien dominó mejor la presión. Por eso a este Madrid de Maljkovic nunca hay que darle por muerto. Con fatigas, pero el primer objetivo se ha cumplido: jugar la Copa.




