El primer toque da la felicidad
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Los equipos felices juegan al primer toque. Para llegar a eso se produce en su estructura una depuración ajustadísima, que obliga a que todas las fuerzas se concentren en un único objetivo: conseguir que el equipo juegue al primer toque. El nuevo Barça ha alcanzado ese estado de depuración que ahora lo convierte en un equipo difícil para los otros pero de bellísimos resultados para su parroquia. Si los gobiernos están obligados a conseguir la felicidad de sus ciudadanos, los equipos de fútbol tienen que hacer felices a los suyos tratando de hacer lo más ingrata posible la vida a los otros.
C uando el Barça iba peor, tuve dos conversaciones con responsables de los dos principales equipos madrileños. Jorge Valdano, que ya no está en el Madrid, me dijo que aquello era transitorio, porque confiaba en la nueva directiva. Y Enrique Cerezo añadió un juicio de valor que indica su buen olfato: El Barça ya sabe fichar. Y supo fichar. Las nuevas caras de este año, sobre todo Larsson, han venido para asegurar la felicidad que es consecuencia del primer toque. Ver a Etoo deshaciéndose del balón nada más recibirlo y ver cómo Ronaldinho se pliega a sus propias desgracias físicas y al dictado del porvenir (se hará lo que sea bueno para el equipo) es contemplar un estado de ánimo inédito en un equipo que pocas veces estuvo tan contento.



