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F1 | GP DE ESPAÑA

Hamilton da un golpe en la mesa y Sainz remonta con rabia

Lewis Hamilton (Mercedes W10), campeón del GP de España de F1 2019 en Barcelona.

Alejandro García

Pasó a Bottas en la salida y recupera el liderato. Verstappen ganó a Ferrari y completó el podio. Carlos, del 12º al 8º ante su grada adelantando en la pista.

Se apagaron los semáforos de Montmeló y los tres coches que encabezaban la parrilla quedaron perfectamente alineados. Cualquiera pudo salir primero de esa curva inicial, pero el desenlace de cada piloto explica muy bien lo que ha sido hasta ahora la temporada 2019: Hamilton pasó a Bottas, por la derecha y sin sufrir, entre sus compromisos como celebridad tiene alguna carrera de Fórmula 1 y, ya que coge un avión desde Nueva York el miércoles, lo más apropiado es venir a ganar. Valtteri había perdido la posición con Vettel, pero el alemán no tienen ni chispa ni fortuna, se quedó encerrado, se le escapó el finlandés con derrape incluido, bloqueó a Leclerc y Verstappen pasó a ambos.

Un Red Bull por delante de los Ferrari, y de ahí hasta el podio, otro que se le escapa a los de Maranello. Esta vez se enredaron ellos solos en órdenes de equipo con estrategias diferentes que, al final, no sirvieron para casi nada: cuarto y quinto, a pesar de disponer de un intento final de asalto al ‘cajón’ gracias a un 'safety-car' que se explicará mejor más adelante. Probaron gomas duras con Charles y blandas con 'Seb', ambos se rebasaron mutuamente dos veces entre quejas por radio y neumáticos echados a perder y al final ni siquiera el tetracampeón pudo luchar de verdad contra Verstappen, cuyo equipo tuvo iniciativa para condicionar el número de paradas del resto. Pero delante, a un mundo, Hamilton ganando en Barcelona y recuperando el liderato (hizo la vuelta rápida) y Bottas por detrás del pentacampeón.

Más atrás, Carlos Sainz sacó un gran resultado el día que no tenía medios para hacerlo. Salió bien, ganó una posición, al contrario que su compañero, Lando Norris, quien perdió seis yendo por fuera al inicio. Se consolidaba la zona media con Haas y Toro Rosso muy por delante de McLaren hasta que el joven británico de Woking, a quien cuidan como estrella de futuro, pecó de optimista intentando adelantar a Stroll en la frenada de la recta: choque entre ambos, ninguna culpa de Lance esta vez, y coche de seguridad para convertir una carrera estratégica (coincidieron los tres compuestos de Pirelli en el asfalto) en otra nueva, al ‘sprint’ y con sólo 15 vueltas por delante.

Ahí emergió el mejor Sainz, primero gracias a su muro de ingenieros con una parada clave que le situó con mejores neumáticos que el resto para ese último ‘stint’, el decisivo, superando además a Albon por la calle de boxes, del 11º al 10º (antes adelantó a Ricciardo). Y luego gracias a sus manos, exclusivamente: pasó a Kvyat en la recta y volvió a hacerlo una vuelta después cuando el ruso se la había devuelto. Luchó contra el Haas de Grosjean, se tocaron a la primera pero le secó a la segunda. Del 12º en la parrilla al 8º, delante de su afición de color papaya. A por Magnussen no fue porque había poco que ganar y mucho que perder, el mensaje ya había sido transmitido a todos los receptores posibles: golpe en la mesa de Woking, como Hamilton en la de Mercedes, y adelantamientos de furia ante la grada española, que no quiere perder un gran premio auténtico.